militantes del peronismo revolucionario uno por uno

KOFMAN, Horacio Manuel.

La primaria la concluyó en un colegio de Bánfield y la secundaria en el Instituto Sáenz de la zona. Trabajaba en la Municipalidad inspeccionando industrias. Lo recuerdan como a un ser excepcional, un tipo de una inteligencia superior, amado y respetado por compañeros y amigos. Un gran hombre despojado de cualquier tipo de individualismo. Comenzó su militancia en el Peronismo de Base, para luego sumarse a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Hacía trabajo barrial por Quilmes, organizando a los vecinos de Villa Sarita y parte de La Cañada en colaboración con la Juventud Peronista del lugar. Pero la discusión y división de las FAP, lo llevó a tomar parte por las FAP-17 para casi inmediatamente unirse al PRT-ERP. Fue secuestrado-desaparecido junto a su esposa Mabel Noemí Fernández (ver su registro, es la que está en la foto con él) y a Amelia Ana Higa. Ocurrió un 16 de mayo de 1977 en Lomas de Zamora, cuando los esbirros del régimen asaltaron la casa de la calle Manuel Castro 463, Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires. Tenía 27 años de edad. Visto en el CCD El Vesubio antes de su asesinato. Su gran amigo, Ciro Annicchiarico, recuerda así a Kofman: “Horacio a los 22 años, cuando nosotros teníamos 18, nos enseñaba historia de Europa, francés, música clásica. Empezó a estudiar Derecho y ya en primer año sabía Derecho Romano a la altura de Alfredo Di Pietro, el más importante romanista argentino. Tenía una facilidad de lectura y una memoria prodigiosas, a tal punto que era capaz de leer un tomo de Derecho Civil en un fin de semana y después jugábamos a decirle, por ejemplo: ‘contrato de comodato’, y él respondía: capítulo V, páginas 183 a 215, analizaba el instituto y hasta se permitía hacerle observaciones críticas ¡con una sola lectura! Hacíamos rueda a su alrededor y nos embelesábamos escuchándolo hablar de música, literatura, de política. Había leído el Ulises de Joyce, a Macedonio Fernández integro, a Marechal, a Borges de quien sabía como un erudito, conocía todos sus cuentos, los analizaba. También a Cortázar, Rozenmacher, Onetti (…) Militamos juntos en el Peronismo de Base. Su rigor no tenía claudicación. Era obsesivo como lo son los genios. Era temperamental, como son los genios. Estaba absolutamente convencido de su militancia; era terco, como son los genios. Era un tipo excepcional”.