militantes del peronismo revolucionario uno por uno

NAZÁBAL, Cecilia.

Nació en 1949. Militante de Juventud Universitaria Peronista (JUP) y Montoneros. Tomado de la radio comunitaria “Señales”, el 6 de noviembre de 2009 y expresado por Carlos Del Frade: “Cecilia, maestra de toda la vida, le secuestraron su compañero (Fernando Dante Dussex. Ver su registro) y lo llevaron a la Quinta de Funes. Ella salvó su vida gracias al compromiso de varias trabajadoras sexuales de Santa Fe que se negaron a delatar su presencia en sus modestas casas de los arrabales de la ciudad capital de la provincia, del segundo estado santafesino. Cecilia tenía mucho amor para dar y decidió quedarse. Siempre buscó la verdad y la justicia y gracias a su trabajo, junto a muchos más, hizo que hoy la ‘Causa Guerrieri o Funes’ sea una de las más avanzadas en los tribunales federales rosarinos. Pero Cecilia, maestra, productora de amor, libertad y belleza para los más pibes, cuando volvió a Rosario hacia 1980 decidió seguir su lucha. Y fundó un jardín de infantes al que llamó ‘La Nube’ (Paraguay al 400). Hoy, veintinueve años después, La Nube” gradúa a nenas y nenes de cuatro años con sus títulos que los habilitan sabedores de rondas, canciones, actividades prácticas, areneros y trencitos. Cecilia Nazábal, educadora y una gran luchadora de los derechos humanos, falleció ayer. Estaba internada desde hace varios días en una sala de terapia intensiva del Hospital Español de Rosario. Sus restos son velados en Casa Bassi, de Salta 3070, de Rosario”. De aquella militancia de los ’70 cuenta  “Guille, el Pibito”, otro santafesino: “Aunque éramos originarios del Sur de Santa Fe, ella de Sancti Espíritu y yo de Venado Tuerto, nunca nos cruzamos cuando chicos porque era ella 6 años mayor que yo. Al poco tiempo de llegar a Santa Fe para estudiar Ingeniería Química, en diciembre de 1972, conocí a ‘La Ceci’ que, si no me equivoco, ya estaba de novia con el ‘Chiche” Dussex. ¡Qué mina! No pasaba desapercibida. Inmediatamente ocupaba el espacio que se le ofrecía. Lo primero que me impactó es que cuando te hablaba nunca bajaba los ojos ni miraba para otro lado. Se te hacía difícil mantener la concentración sobre el tema de la charla porque la insistencia de su mirada ocupaba todo tu cerebro (…) Cecilia representaba una mujer muy diferente de las que había conocido y aunque dicen que la amistad entre el  hombre y la mujer no dura mucho, ella te ofrecía la posibilidad de la amistad y yo creo que no la desperdicié. Militamos juntos tres años, hasta que la represión nos separó. Marchamos, cantamos, pintamos, lloramos, festejamos, discutimos y en síntesis, compartimos momentos que marcaron mi vida. En julio de 2009, como cada vez que volvía a Argentina, la fui a visitar dos veces. En un momento de nuestra conversación me recordó con una sonrisa que yo había sido su ‘jefe’ cuando militabamos en JUP de Química. Le tomé la mano y le respondí que tal vez, por quien sabe que circunstancias, yo había sido su ‘jefe’ pero que ella siempre fue mi ‘Modelo’. Nunca sentí que yo pudiera dirigirla, ella siempre fue para mí la imágen de la ‘mujer nueva’ que nosotros gritábamos llenos de utopías pero que ella encarnaba realmente”.