militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PÉREZ, María Hilda. “Cori”. “La Gorda Cori”. “Corita”. “La Petisa”. Nacida en Mendoza, el 24 de abril de 1951. Era la mayor de cuatro hermanos. Vivía en El Palomar, provincia de Buenos Aires y militaba en Juventud Peronista, “la Gloriosa J.P.”. Además trabajaba en el sector de facturación de la fábrica de plásticos Strauss donde era delegada gremial. Para mayores datos, ver registro de su esposo y compañero de militancia, José María Laureano Donda. Con él se conocieron en 1973 en la Facultad de Filosofía y Letras. Comenzaron a militar juntos en los barrios y se sumaron a Montoneros. En 1974 fueron padres primerizos de Eva Daniela. Con un embarazo de 5 meses, fue detenida el 28 de marzo de 1977 en la vía pública, entre las localidades bonaerenses de Morón y Castelar. Según un relato difundido por compañeros de cautiverio de “Cori” Pérez, ella mismo les contó que había ido a una cita con un compañero cerca de la estación de Morón. Ahí los agarraron a los dos y los subieron a un camión del Ejército; a ella en la cabina, entre el chofer y un soldado. Al hombre lo tiraron atrás. Cuando el camión se detuvo en un semáforo, el detenido saltó y detrás de él saltaron sus captores, incluídos los que la custodiaban a ella. Aprovechó la ocasión, también saltó y corrió como loca. Se le rompió el taco de un zapato y rodó por el suelo. Se levantó, se sacó el otro zapato y descalza corrió igual hasta llegar a la estación donde por fin se sintió a salvo. Al llegar a las vías escuchó un tiroteo. Supo después que su compañero había sido asesinado. Antes de que llegara un tren y pudiera escapar, un grupo de efectivos rodeó y detuvo a María Hilda Pérez. Estuvo detenida en la Comisaría 3ª de Castelar, hasta que la trasladaron a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Dió a luz en ese CCD, a una niña que nombró Victoria en honor a la “victoria” que irremediablemente llegaría con el triunfo de las banderas del peronismo revolucionario. Es más, “Corita” Pérez, pidió a sus carceleros que fuera otra compañera de cautiverio (Lidia Vieyra) quien la ayudara en las acciones del parto. Según Lidia, Hilda no quería que “las primeras manos que toquen a mi bebé sean las de esos hijos de puta”. Victoria fue robada y luego recuperada por la acción de las Abuelas de Plaza de Mayo. (Ver una vez más el registro de su padre).