militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PEROT, Guillermo Alberto. “El Moco”. “El Gringo”. Oriundo de Vera, provincia de Santa Fe, nacido el 22 de enero de 1953, era el menor de tres hermanos. Su padre, Angel, era ferroviario y fallece cuando Guillermo Alberto solamente tiene 3 años de edad. Primaria y secundaria la hace en la misma ciudad de nacimiento. El periodista Ricardo Borsatti  asegura que: “Será en esa misma población donde comienza a mirar la realidad desde una perspectiva de compromiso. Allí los Perot compartirán la amistad de curas que vivían en la denominada Cuña Boscosa santafesina, como ser los ‘Hermanitos de Foucoult’. Y el menor se irá empapando de los sueños, vientos y utopías del peronismo revolucionario...”. Se muda con su madre y hermanos a Santa Fe. Nuestro Perot ya trabajaba para entonces, en el Departamento de Bellas Artes del Museo Municipal y llevaba adelante su carrera de Enfermería, lo que le permitía colaborar en los dispensarios y salitas de primeros auxilios de los barrios carenciados de la periferia santafesina. De allí a la militancia hay un paso. Primero Juventud Peronista, enseguida Montoneros. Dice un hombre anónimo que sobrevivió: “No recuerdo las circunstancias en que nos conocimos, de cómo la ‘orga’ dispuso que debíamos trabajar juntos; creo que empezamos allá por el ’72, en la Unidad Básica 5° de Santa Fe, en Barrio La Lona, peleando por la conducción, en el intento por desplazar a los traidores. Eramos un lindo grupo de jóvenes queriendo y creyendo que el país podía ser distinto. Así que un día apareció, con ese andar bamboleante, tonada provinciana, la sonrisa fácil, aunque los que estuvimos cerca suyo, con el tiempo, pudimos reconocer una cierta melancolía. Tal vez, me digo ahora, fuera por estar lejos del pago o haber crecido a empujones por la vida, o sus sentimientos anticipaban algo de lo que vendría, vaya uno a saber”. Otro compañero rememora: “Cierta noche, por esos años, debimos cumplir con una tarea que ya no recuerdo, pero tengo muy presente el frío, no podíamos ni hablar, tal vez asustados. Me indicó que cerrara los ojos, lo tomara del hombro y luego de caminar varias cuadras llegamos a su casa. Todo era silencio, dormían, fuimos a la cocina y al instante ´la Gorda’, su mamá estaba ahí, dispuesta a atendernos, inmediatamente la olla en el fuego, sopa caliente reforzada con huevos batidos, nada mejor. Vuelto a la normalidad, compensada la temperatura, pude observar y descubrir que su mamá era una compañera más, que ella pensaba y sentía que su trabajo militante era estar al lado de su hijo, que lo comprendía y apoyaba, haciendo lo que sabía hacer, cuidarlo”. Guillermo forma pareja y en 1975 se va a vivir a Rosario; allí nacerá su única hija, Guillermina. Con otro compañero, se ganará la vida como recubridor de interiores en tanto que continúa con su militancia. Un día antes del golpe militar, el 23 de marzo de 1976, es apresado alrededor de las siete y media de la tarde en la esquina de Rondeau y República de Siria, frente a una gomería. Los hechos ocurrieron de esta manera: se ve perseguido y comienza a correr, entra a una casa y le dice a la señora que encuentra, que es peronista y montonero y que le indique una salida por el fondo. La mujer le responde: “Hijo, te has metido en la única casa de la cuadra que no tiene salida por detrás, trata de saltar aquella tapia”. Cuando lo está intentando, sus perseguidores le pegan un tiro en el hombro, lo inmovilizan y se lo llevan en un auto. Tenía 23 años. Una chica del mismo pueblo de él, de Vera, que trabajaba en la Jefatura de Policía de la ciudad de Santa Fe, lo vio deshecho por la tortura. Su hija, ahora escultora,  creció y supo la verdad sobre su padre, ya que al principio, cuando era niña, le había dicho que su papá se había “muerto de viejo”. Guillermina afirma con énfasis que nunca se vengaría por la muerte de su padre: “Como hijos, nuestra venganza es estar vivos (...) Para mí la venganza plena sería una revolución social. Que la gente no se cague de hambre en Jujuy. Para mí no hay una venganza personal, mucho más interesante me resulta la salida colectiva...”.