militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PERSOGLIA, Alberto Francisco.

.”Chicho” Persoglia era toda una institución para los pibes y pibas de la Acción Católica de Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires a fines de los ‘60. Delegado gremial en la Municipalidad de Avellaneda. Un referente intelectual y humano. Muchos de ellos optaron luego por la política, el peronismo y la lucha armada. Fue el caso de Persoglia –militante de J.P.- que también llegó a ser oficial montonero. Perseguido por una patota militar-policial a bordo de un Ford Falcon, el 18 de junio de 1976, lo abatieron a balazos y se llevaron su cuerpo. Fue a cinco cuadras de su casa en las inmediaciones de la fábrica textil Mayorens. El 1º de julio del mismo año, un pelotón de combate del Ejército Montonero que llevaba el nombre de “Alberto Persoglia”, ultimó al salir de su residencia de Adrogué, al gerente-patrón de Rheem Saiar, Oscar Belloso, acusado de permitir la ocupación de la fábrica por tropas del Ejército y de la posterior desaparición y/o encarcelamiento de compañeros y trabajadores de esa planta industrial  de termotanques y calderas. Tengo detalles sobre su caída: Para  junio de 1976, fue con otro compañero a una cita que sabían envenenada por un tercero, “El Polaco”, un montonero de la zona que se había “quebrado” pero seguía mandando citas a troche y moche para hacer caer gente. El otro compañero (Roque Alvarez) iba 50 metros adelante y luego venía “Chicho” armado con una pistola. “El Polaco” eligió al de mayor rango y lo “marcó” a “Chicho”, quien se defendió como pudo detrás de un árbol a los tiros, de todo un grupo de tareas, dando así tiempo para que Roque se esfumara. Esa noche otro compañero de militancia que era enfermero en el hospital Fiorito contó que el cadáver de Roberto Persoglia estaba en la morgue del nosocomio. Pese a estar individualizado, como una muestra más del sadismo alcanzado, los represores no entregaron los restos a su madre o a su compañera, quienes pretendían darle una cristiana sepultura. A casi 30 años de su muerte, hoy, una biblioteca pública en Crucesita, partido de Avellaneda, lleva su nombre.