militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PISONI, Rolando Víctor.

“Roly”. Nació el 29 de agosto de 1949 en Capital Federal. Huérfano de padre desde pequeño. Estudió en los colegios San Francisco de Sales y Ramos Mejía del barrio de Almagro, donde vivió toda su vida. Secundaria en el Industrial “Ingeniero Huergo”. Rolando “Cacho” Pisoni, que gustaba de escuchar a “Almendra” y a los “Rolling Stones”, dibujante y con habilidades para tallar madera, militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) en la Facultad de Ingeniería (partícipe del Centro de Estudiantes). Su esposa y compañera, Irene Inés Bellocchio, en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), siendo sindicalista en el Banco de Galicia. Ambos eran Montoneros. Fueron detenidos clandestinamente el 5 de agosto de 1977 en la casa que habitaban en el barrio de Caballito (37 días después de que naciera su hijo Carlos, al que tuvieron que dejar de apuro en la casa de una vecina). Fueron vistos en el campo de concentración “Club Atlético” antes de su desaparición definitiva. Rolando tenía 28 años al momento de su desaparición forzada. Y sobrevivientes de aquel centro clandestino de detención recuerdan con asombro y admiración, como se las ingenió “Cacho” Pisoni defendiéndose, esposado y tabicado para cagar a patadas a ese represor que lo llevaba a una celda. Cuenta precisamente su hijo Carlos, ahora estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, que “Yo nunca hablaba de mis padres desaparecidos, me daba vergüenza. La sociedad era diferente cuando era chico, pero desde el ’95 cambió bastante. Cuando se cumplió el 20 aniversario del golpe se organizó un festival y una marcha a la que fueron más de 100.000 personas. Yo justo estaba de vacaciones, pero lo vi por TV y me puse a llorar. Apenas volví me puse en contacto con la agrupación de ‘Hijos’, entré de lleno y mi vida dio un giro total: de no contar nada pasé a ponerme “la remera de mi historia” y estar orgulloso de mis viejos. Que la semillita que dejaron Rolando e Irene germinó en la mente y corazón de su hijo Carlos, ya no hay duda. Basta con releer el párrafo final del recordatorio que éste le dedica a sus padres, el 5-8-2004 en “Página 12”: “Les quiero recordar que sigo estando orgulloso de ser su hijo, que son ejemplo de vida, dignidad, solidaridad y ternura y que seguimos levantando sus banderas y la de los 30 mil. Los quiero mucho. Por la cárcel efectiva, común y perpetua para todos los genocidas, cómplices e ideólogos. Por pan, trabajo, dignidad y cambio social”. Algo más: Diciembre de 2009. En el marco del juicio a los represores del Primer Cuerpo de Ejército, Carlos Pisoni, militante de HIJOS, se paró frente a ellos para exigirles que “si les queda algo de valentía, informen sobre el destino de los desaparecidos”. Toda la sala lo aplaudió de pie.