militantes del peronismo revolucionario uno por uno

POBLETE ROA, José Liborio.

“Eduardo”. “Pepe”. “Pepito”. “Negro”. “Martín”. Había perdido sus piernas a la altura de los muslos, a los 13 años, en un accidente ferroviario en su Chile natal. Allí había nacido en Santiago, el 6 de enero de 1955. Allá militó en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), pero cuando se vino para la Argentina con el fin de beneficiarse con un tratamiento de rehabilitación, fue uno de los creadores en 1971, del Frente de Lisiados Peronistas (FLP), que respondía a la política de Montoneros y que llegó a estar constituido por más de 200 personas que concurrían a las marchas políticas con sus muletas, sillas de ruedas y lazarillos; todo un espectáculo en sí mismo. Con anterioridad ese mismo sector respondía al nombre de “Frente de Rengos Peronistas”. Poblete Roa era un pibe de pelo enrulado, algo gordito, de ojos redondos y permanente sonrisa, lo que le permitía mostrar continuamente sus grandes dientes. Durante 1975 trabaja en la creación de la Unidad Nacional Socioeconómica del Lisiado (una especie de sindicato) y también en el proyecto de ley laboral para los impedidos físicos. Además, se gana la vida como tornero y en sus ratos libres estudia Psicología. Para septiembre de 1976 pasa a ser un activo militante de los “Cristianos para la Liberación” (CPL) siendo el responsable de prensa y de Montoneros, la organización guerrillera peronista, donde revistaba como subteniente. Vivía en Guernica, provincia de Buenos Aires. Perseguido por la dictadura militar, fue secuestrado y desaparecido a la edad de 22 años junto a su compañera de vida y militancia Gertrudis Marta –Trudy-  Hlaczik (18 años), también activista de CPL y la hijita de ambos, Claudia Victoria (de 8 meses y 3 días de vida), el 27 de noviembre de 1978. A ambos mayores los torturaron en el ex Garage “Olimpo”. Los torturadores se ensañaron con José, lo llamaban “El Cortito” y lo picaneaban con saña, le pegaban, lo subían a una escalera y desde dos metros de altura lo tiraban al suelo. José, sin piernas, caía sin defensas. A Gertrudis la pasearon desnuda arrastrándola de los pelos mientras la castigaban. Julio Simón, alias, el “Turco Julián” (ahora en prisión perpetua) y Juan Antonio del Cerro, alias, “Colores” (fallecido en abril de 2006) eran los más cebados con esas atrocidades. El “Caso Poblete” fue tan emblemático que sirvió a la Corte Suprema para anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Claudia Victoria fue recuperada en el 2000 y sus apropiadores –el teniente coronel Ceferino Landa y su mujer Mercedes Moreira, progenitores falsos- presos y condenados a 9 años y medio y a 5 años y medio de reclusión, respectivamente. El 29 de junio de 2005, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, benefició con la escrituración de una vivienda a Fernando Navarro Roa, hermano de José, como una manera dijo “de que en este acto converjan dos derechos inalienables, como el derecho a la vivienda y los derechos humanos violentados durante la dictadura”. La madre de José Poblete Roa aún recuerda aquella conversación con su hijo, cuando este le dijo: “Mamá, la vida está hecha de momentos y cada uno de estos momentos hay que vivirlos a pleno, pero siempre pensando en el prójimo y sin ambiciones personales”; fiel a estos principios, así vivió y así murió.