militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PON, Gustavo Adolfo.

Nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, el 28 de septiembre de 1944. Era el segundo de siete hermanos. Su padre Héctor tenía una zapatería y su madre Carola era ama de casa. En su niñez la Parroquia fue su lugar de recreación y contacto social. A los 14 años decidió que iba a ser sacerdote. Estudió Latin y se anotó en 1959 en el Seminario de Paraná. Hizo cuatro años de Humanidades y en 1963 ingresó al Seminario Mayor, donde durante 6 años estudió Filosofía. En la época de seminarista se copó con el “Martín Fierro”; fascinado se lo leía en voz alta a sus hermanos del principio al final: “Esto es un evangelio” solía decir alborozado. Al hacer crisis con la vida célibe exigida, abandona el Seminario y los estudios religiosos. Comienza a cursar en la Universidad Católica de Santa Fe; egresa de la misma con el profesorado y la licenciatura en Filosofía. Aparte, se anota en Derecho y se recibe de Notario. Comienza a dar clases en Venado Tuerto y Esperanza. También es asiduo participante a las misas del cura Catena en Villa del Parque y se conecta con grupos cristianos relacionados con la Teología de la Liberación y los Sacerdotes del Tercer Mundo. Para 1970 comienza a dar clases en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica de Santa Fé y en 1973 en la estatal de la UNL. En el año 1972 deja de lado una beca otorgada para hacer el doctorado en Filosofía en la Universidad de Lovaina, Bélgica; prefiere quedarse en nuestro país luchando contra al dictadura del General Lanusse. Primero trabaja en la Comisión de Familiares de Presos Políticos y luego en el grupo de profesionales peronistas creado con el fin de poner sus conocimientos al servicio del campo popular. El 25 de mayo de 1973 es designado Subsecretario de Cultura y Acción Social en la Municipalidad de Santa Fe, representando a la Juventud Peronista de las Regionales. Aún hoy en día se recuerda los programas de cine y títeres en los barrios que implementó en aquella época y el logro de tierra pública u ociosa para que los más necesitados accedieran a una vivienda digna. En 1973 se casa con su compañera Clarisa naciendo su único hijo, Matías, un año después. Fue el organizador del Partido (Peronista) Auténtico en la provincia de Santa Fe. A fines de 1975 es allanado su domicilio y producida su cesantía –junto a otros 57 docentes- en la Universidad Nacional del Litoral (UNL)  por resolución del rector Julio García Martínez. Incorporado ya a la organización político-militar Montoneros se muda a la ciudad de Rosario para continuar la militancia. En junio de 1977 escribió: “Estuve varios años buscando la forma más efectiva de cumplir el mandato evangélico hasta que me di cuenta de que el amor evangélico es un amor político, de que la beneficencia no sirve porque humilla y degrada, y de que liberación y salvación son una misma cosa. ¿Para qué vamos a salvar o liberar personas si luego tienen que servir a estructuras opresoras? Porque el sistema, es la antítesis de todos los valores que profesamos...”. Gustavo Adolfo Pon fue secuestrado-desaparecido en agosto de 1977 en la zona Sur de Rosario. Sus restos fueron identificados, luego de estar 33 años en una fosa común de un campo del Ejército denominado “San Pedro”, cercano a Laguna Paiva, provincia de Santa Fe; y para su compañera Clarisa Niklison “que haya estado oculto en un campo del Ejército tiene un plus, el de recuperarlo, casi arrebatarlo de manos del enemigo, del que lo secuestró, lo torturó, lo mató y lo ocultó cobardemente”. El 12 de febrero de 2011 sus restos fueron inhumados en Santa Fe. Con posterioridad se realizó un acto homenaje a su figura; en mayo de ese mismo año se realizó un acto similar en la ciudad de Gualeguaychú. Su amigo y compañero de militancia Carlos Raviolo recuerda a Pon cuando se va a trabajar al barrio Centenario, a la villa que está detrás de ahí, contra el río Salado. “Los compañeros tenían un compromiso concreto y él fue un ejemplo claro de eso: un profesor de Filosofía de la Universidad Católica trabajaba con una pala junto con los villeros del barrio (…) Recuerdo una anécdota muy divertida que nos involucró a varios. Había una disputa con los laboratorios medicinales, los laboratorios de producción de medicamentos, y se hace un operativo para tratar de pintar y romperle los vidrios a un laboratorio en particular. Y nosotros –Toti era el responsable del grupo y tenía que hacer una barricada para que no pasaran en la calle los móviles, y me acuerdo que pasamos, dejamos las bolsas embebidas en combustible, las cosas que nos iban a servir para hacer en ese momento la barricada. Y cuando llegó el momento en que vamos a retirar las cosas, justo pasa un ciruja y nos está levantando todos los paquetes... Así que se nos arruinó la barricada y el Gordo Toti corriendo atrás del ciruja, sacándole las cosas. Eso muestra como eran muchas veces los operativos. Uno tiene la idealización, la sincronización, y el accionar de cada uno, lo que tiene que hacer… y ¿viste? En un momento todo se va al carajo”.