militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PUCH, Ramón Ricardo.

“El Negro”. Nació en Santa Fe un 28 de mayo de 1952. Estudió el secundario en el Colegio de la Inmaculada (curas jesuitas), donde luego fue preceptor y ayudó a la concientización del alumnado. Ingresó a la Facultad de Derecho en 1970. Secuestrado-desaparecido el 18 de octubre de 1976 en un departamento del barrio de la Recoleta. Tenía 24 años. Antes de su asesinato se lo vió con vida en El Campito, centro clandestino de detención y torturas en Campo de Mayo. Puch comenzó su militancia en el Integralismo, en la Unión Nacional de Estudiantes (UNE). “El mío es el proceso natural de todo estudiante proveniente de las capas medias –aunque mi familia es de vieja tradición peronista-. Comenzamos por un proceso de nacionalización en la época de la dictadura (se refiere a la de Onganía-Levingston-Lanusse), donde por primera vez los estudiantes del Litoral luchamos codo a codo con los trabajadores y comprobamos su identidad política: el peronismo”. Puch fue fundador de la Regional II de la JUP, incorporando a la misma al grueso de la organización universitaria del Ateneo, en 1973. También fue presidente de la Federación Universitaria para la Liberación Nacional del Litoral. Preguntado oportunamente sobre la  importancia de la JUP, expresó: “Fundamentalmente la JUP aporta al Movimiento Peronista Auténtico (estamos en 1975) un sector social enfrentado al imperialismo; dinámico y combativo. Aporta en las calles, en las barricadas, luchando contra los gorilas de turno, y con la formación de cuadros técnicos y profesionales que estén al servicio del pueblo”. Evidentemente, con estas definiciones, la reacción, no lo podía dejar con vida. Alejandrina Gómez los recuerda al “Negrito” Puch y a “Robertito” Mayol. “Mi recuerdo es hacia ellos como niños, como adolescentes, siendo yo joven, junto al barrio que los vió crecer, cerca de la Plaza España, donde seguramente jugaron. Roberto con su bicicleta con la cual entraba y salía de su casa a cada rato. Al ‘Negro’ lo recuerdo en el balcón de la casa en siestas de carnaval tirando agua y bombitas desde aquella esquina de San Jerónimo y Crespo. Como ven no es mucho lo que tengo que decir de ellos, pero quiero también recordarlos así, porque así son nuestros nietos, porque ellos dos, fueron niños como tantos, que rieron, gozaron y al crecer creyeron en la utopía de un derecho para el que sufre; para quien vive y no tiene acceso a la justicia como derecho; para quien no satisface sus necesidades para vivir dignamente. Porque hicieron carne lo que Evita dijera que detrás de cada necesidad hay un derecho no respetado”.