militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PUJADAS BADELL, Mariano José María Francisco.

Nació el 14 de julio de 1948, en Barcelona, España. A fines de 1953 emigró a la Argentina junto a su familia poniendo distancia del franquismo. Tanto en la escuela primaria como luego en el Nacional Monserrat de la ciudad de Córdoba, mostró una faceta característica de su personalidad: un genio alegre, un “ángel” muy especial, que le hacía ganar amigos por doquier. Descolló en matemáticas y ciencias físicas naturales. Su facilidad para los idiomas le permitió ser becado en un programa de intercambio estudiantil y graduarse en el Colegio de Agricultura de la Universidad de Nebraska. Su padre recordaba que el año de permanencia en Curtis (Nebraska) viviendo con varias familias, “le sirvió de mucho para afinar su escala de valores y madurar su juicio y como siempre dejó una estela de simpatía y afecto, a punto tal, que pocos días luego de su fusilamiento en Trelew, casi ocho años después de su estadía en Curtis, recibimos sentidas cartas de condiscípulos y profesores suyos, entre ellas, la del juez Floy Hecht, en cuya casa vivió varios meses, en la que afirmaba, que conociendo a Mariano, estaba seguro que había muerto defendiendo una causa de justicia y libertad”. Volvamos al compañero. Mariano pasó del Monserrat a la Facultad de Agronomía de la Universidad Católica Argentina (UCA) donde siguió siendo un excelente alumno, encontrándo tiempo también para ayudar a su familia y preocuparse por los problemas estudiantiles; por tal motivo fue presidente del Centro de Estudiantes. En 1968 integra la Agrupación de Estudios Sociales de Córdoba (AES) conformada en la UCA. Sus numerosos viajes al norte pobre de la provincia, practicando estudios y análisis de suelo, lo pusieron en contacto con las zonas más carenciadas, despertando en él un afán de justicia y la amarga sensación de que la misma nunca iba a llegar sin un cambio total de estructuras, sociales y económicas. Desde el Cordobazo hasta la fría mañana del 22 de agosto de 1972 en Trelew, con años de militancia intensamente vividos, se concreta la transformación de nuestro Mariano en el “Gaita”, como lo llamaban cariñosamente sus compañeros. Ya era Peronista. Ya era Revolucionario. Ya era Montonero. Prófugo después de la toma de La Calera, es detenido el 22 de junio del ’71 en Córdoba y trasladado a Rawson (Chubut), formando parte del primer grupo de prisioneros políticos enviados en condiciones calamitosas al inhóspito y gélido sur de nuestro país. De allí habría de volver a su casa, en la noche del 23 de agosto en un ataúd “gentilmente proporcionado por la Armada” y con un tiro de gracia en la nuca. Sigue rememorando su padre: “Fue entonces, que comenzamos a comprender la exacta dimensión alcanzada por Mariano y no a causa de su papel protagónico en el Aeropuerto de Trelew, sino al ver la cantidad de gente para nosotros desconocida, pueblo, ‘pueblo’ de alpargatas rotosas y polleras deshilachadas, que sin intimidarse por la presencia de carros de asalto en las inmediaciones de la casa, entraban silenciosos con los ojos húmedos a dar el último adiós al muchacho guerrillero que había ofrendado su vida, mirando su rostro exagüe, pero sereno y sonriente y tocando la bandera de su patria de adopción que cubría su féretro, cruzada por una leyenda que él llevaba grabada a balazos en el pecho: “Montoneros”. Esa misma palabra que un hermano, con un clavo, grabó en el revoque fresco que tapa el nicho hasta donde lo llevaron a pulso sus compañeros, en un mediodía soleado de Agosto”. Con el triunfo electoral del 11 de marzo de 1973, viene el reconocimiento popular. Centenares de unidades básicas, bibliotecas y aulas pasan a tener su nombre. Su padre, el Doctor José María Pujadas, pronuncia un discurso el 22 de agosto de 1973 en el acto realizado en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Plata, que a partir de esa fecha llevará el nombre de su hijo: “No nos entristezcamos. Pensemos que fue un hombre completamente realizado y alcanzó a tener, todo lo que en realidad importa. Una familia que siempre lo ha querido, amigos que nunca lo olvidarán, compañeros que caminaron con él hasta la muerte y un ideal de justicia y humanidad por el cual dar la vida. Más que tristeza sintamos envidia, pues no todos podemos alcanzar tal plenitud en la vida, ni tal dignidad en la muerte. Muchas gracias en nombre de nuestra familia, por la honra que nos confiere tal designación”. Pero el avance de la derecha peronista aliada al imperialismo, modifica abruptamente el tablero político y en Córdoba, el gobierno de Ricardo Obregón Cano y Atilio López deja lugar luego del “Navarrazo”, a la instancia de la intervención federal del brigadier Lacabanne, un títere puesto por el “lopezreguismo” porteño. Será durante esta gestión genuflexa y entreguista, que un comando paramilitar del Tercer Cuerpo de Ejército en Córdoba -cuyo titular era el general Luciano Benjamín Menéndez- disfrazado de “Comando Restaurador Nacional Justicialista”, perpetra un asesinato en masa, del cual luego se vanagloriaría como participante, el capitán de Ejército Héctor Vergez. Mataron a cuatro integrantes de la familia Pujadas que sacaron de su morada el 14 de agosto de 1975 por la madrugada. Los fusilaron a mansalva, los tiraron en una cava y los volaron con explosivos. Así murieron asesinados el papá, la mamá (Josefa), el hermano (José María)  y la hermana (María José) del montonero Mariano Pujadas. En el año 2012 y bajo la dirección de Eugenia Izquierdo se conoció el documental “Fotos de familia”, donde el sobreviviente Víctor Pujadas –hermano de Mariano- que tenía 11 años en esa noche trágica, vuelve de España donde residió y ahora con 49 años, siente que ha llegado el momento de decirle a su dos hijos, quiénes eran sus tios y abuelos. Cabe acotar, como dato final, que la imagen de Mariano Pujadas pudo verse en la T.V. cordobesa, el 9 de agosto de 1971, en una nota titulada “Detenidos acusados de actos terroristas”.