militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PALMEIRO, Hugo Alberto.

“Manolo”. “El Chapa”. Estudiante de Derecho en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Comenzó su militancia en una agrupación estudiantil independiente de izquierda: MUR-JURE en 1972. Y se sumó a numerosas marchas y acciones de tipo  “relámpago” en repudio a la dictadura militar de Lanusse, por ejemplo cuando fue la “Matanza de Trelew” el 22 de agosto de aquel año. Su amigo Juan Miranda recuerda aquella ocasión: “Mientras me alejaba, miré hacia atrás y vi las corridas y los primeros forcejeos entre policías y estudiantes. Combates desiguales entre personal fuertemente pertrechado con escudos, cascos, máscaras y bastones, y del otro bando jóvenes sin otra protección que la que les ofrecía el saberse libres y dignos”. “El Chapa” Palmeiro era un aguerrido y valiente  cuadro de Montoneros que fue secuestrado en Caseros, provincia de Buenos Aires el 16 de noviembre de 1979 a la edad de 30 años y visto posteriormente en la ESMA antes de su asesinato. Y lo de “aguerrido y valiente” no son adjetivos gratuitos. Me remito nuevamente a la memoria de Juan Miranda, su compañero de cautiverio. Uno: “Yo sabía que durante el Mundial de fútbol de 1978 se había realizado un ataque guerrillero contra la ESMA. Un comando montonero había disparado una bazooka hacia el frente del edificio que simbolizaba el terror y el poder militar. El proyectil impactó sobre una viga estructural muy sólida y no causa víctimas. Se rumoreaba en la ESMA –ignoro la fuente- que ‘El Chapa’ había participado en esa acción (…) sin duda, tal carta de presentación no ayudaba a ‘El Chapa’ en esas circunstancias”. Dos: “Escuche decir, a través de otros prisioneros, que ‘El Chapa’ se había comportado muy valientemente ante la tortura. Los ‘verdes’ –que casi nunca hacían comentarios de ese tipo- habían relatado frente a otros secuestrados que ‘El Chapa’ ni siquiera se había quejado cuando le aplicaban tormentos. Evidentemente, admiraban su conducta. Ciertos códigos son universales y eran respetados aún dentro de la ESMA (…) Por todo eso me urgía darle un mensaje ahora que el destino nos regalaba esta oportunidad (se habían cruzado en un baño). Le rogué que no se hiciera lastimar inútilmente mostrándose tan invencible. Le pedí que fingiera que les tenía miedo, que al menos se quejara cuando lo maltrataran. Mi experiencia me decía que a los ‘interrogadores’ les enfurece más enfrentar a alguien que los desprecia. Le pedí encarecidamente que les mintiera para evitarse males mayores. ‘El Chapa’ me escuchó en silencio. Para que me creyera apelé a la única información relevante que tenía: le aseguré que los guardias comentaban que él ni gritaba cuando lo torturaban. Eso era algo que ‘El Chapa’ no podía –como no intentó- negar. Finalmente le imploré ‘no seas gil, pórtate bien, fingí cooperar’. ‘El Chapa’ me miró fijo y con una sonrisa –la misma sonrisa traviesa de aquella noche de 1972- me respondió como si fuera una formalidad: ‘¡si yo me porto bien…!’Él sabía que yo sabía lo que él me estaba diciendo. Al ver su gesto de firmeza comprendí que no lo convencería. ‘El Chapa’ como tantos otros héroes en su situación, ya había cristalizado su postura. ”.