militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PAMPILLÓN, Santiago.

En combate feroz y desproporcionado por las armas que contaban cada uno de los dos bandos; un compacto grupo obrero-estudiantil (con miguelitos, molotov y piedras) chocó con la policía provincial (armada hasta los dientes) en Córdoba, el 12 de setiembre de 1966. Como resultado del encontronazo murió asesinado el ex cadete de la Escuela de Suboficiales de Aeronáutica, obrero mecánico de Industrias Kaiser Argentina (IKA) y estudiante de Ingeniería Aeronáutica, Santiago Pampillón. Era un joven militante peronista, nacido en Mendoza y que al momento de su deceso tenía 24 años. Eran tiempos de la dictadura de Onganía y se peleaba por la revolución. Cuenta un testigo de lo acaecido: “Los policías corrían con las armas en sus manos y observé como el chofer de un patrullero, vestido de civil, empuñaba una ametralladora. Supongo que me habrá visto cara de inocente porque me dejaron circular por la vereda. Entonces advertí que uno de los agentes traía detenido a un muchacho, casi un chico; me indigné y me acerqué para tratar de liberarlo: pronto se me sumó otra persona. Era, lo supe luego, Pampillón. Comenzamos a forcejear con el vigilante y al fin logramos que soltara al mocoso, que así consiguió huir. Atiné a correr por la vereda, mientras mi aliado lo hacía por el medio de la calle. En ese momento, el agente apuntó su revólver y extendiendo el brazo izquierdo efectuó varios disparos. Al caer Pampillón fui en su ayuda; estaba inconsciente, sangraba demasiado; después noté que la manga de mi saco quedó impregnada de sangre y pequeñas partículas blancas”. Quedó en coma cerebral. Murió. Los estudiantes enardecidos se adueñaron de 40 manzanas del Barrio Clínicas y la policía optó por replegarse. Un chango cordobés, Santiago Medina, seguramente ya grande, supo que lleva su nombre en homenaje al estudiante asesinado. El mismo día en que moría Pampillón, en que se extinguía su vida en el Hospital de Urgencias, los practicantes del San Roque debieron interrumpir la huelga para correr hacia un ómnibus donde Rita Colchi de Medina, imprevistamente, pujaba por dar a luz. Tras el éxito de la faena, uno de los alumnos sugirió a la flamante madre: “¿Por qué no llama Santiago a su hijo, en honor a Pampillón?” Y así fue …