militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PETERS, Nilda Graciela

Nilda nació el 8 de julio de 1950, tenía 26 años. Docente. Estudiante universitaria en Corrientes donde  cursaba Asistencia Social. Existe un documento firmado por un militar en el que solicita al cementerio que entierre el cuerpo que pertenecería a Nilda Graciela Peters. Su cuerpo fue recuperado en el ‘83, estaba enterrado en el cementerio de Santa Fe. Actualmente sus restos descansan en Machagay, provincia de Chaco. Había sido asesinada de un disparo en la cabeza, por la dictadura cívico-militar un 28 de octubre de 1976, cuando irrumpieron en su casa ubicada en Alvear 5754, Santa Fe. Era militante de Juventud Peronista. Su amiga María Bar rememora: “La conocí a Nilda, en pleno año 70, era joven, linda, tierna, sostenedora de un humor único, estudiante en la entonces Escuela de Servicio Social de Corrientes. Fui su compañera de estudios, su amiga y con ella aprendí lo que era el compromiso por los más humildes. La vida junto a ella significaba participar de las clases, si era necesario, discutíamos a los profesores, aunque siempre tratábamos de hacerlo con la mejor fundada opinión, estudiábamos hasta el cansancio, hacíamos la práctica en el Bajo Pujol, donde nos recibían mujeres de familias pobres, para diseñar el mejoramiento barrial. Ocupaba una pensión, frente a la Iglesia San Francisco, donde supe lo que era la comunicación. Planificábamos el futuro desde los sueños por una sociedad que – básicamente - debía cambiar y ser más justa. Hablábamos hasta la madrugada, hacíamos culto al pensamiento crítico, a través de los conocimientos que íbamos incorporando. Era cristiana, siempre referenciaba a sus padres, de quienes había aprendido a conmoverse ante la pobreza que sufrían otros, eso sí, nunca perdía la esperanza, mucho menos la alegría, tan presente hasta en el disfrute de los bifes de tatu mulita, que traía de sus pagos. Fue comprendiendo que la era le demandaba de un compromiso mayor, por eso militó, se jugó, y si bien ellos nunca pudieron ante semejantes condiciones éticas y personales de Nilda, no querían que sus ideas se propaguen, considerándola “un mal ejemplo”. Solo el Terrorismo de Estado con monstruos silenciadores de otras tantas miles de vidas, garantizaba la continuidad del status-quo, y por ende de la injusticia social. ¡Ay Nilda! sobre tu final nunca dejé de pensar, en quien dio la orden, quien apretó el gatillo… ¿Cómo pudo ser? Soy inmensamente feliz de haberte conocido pero mucho más sería hoy si otros pudieran dimensionar el ser humano excepcional que perdió el país, y si yo y tu familia pudiéramos festejar contigo estos 60 cumpleaños, abrazándote, allí, junto a los que menos tienen, igual que en los ‘70"