militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PEIRIS, Juan Carlos.

“Beto”. Nacido en Médanos, provincia de Buenos Aires el 28 de agosto de 1948. De chico al morirse su padre –que era peronista y judío prácticante- y estando así mismo su madre muy enferma, fue a parar con su hermano, a la casa de unos padrinos, donde lo trataron muy mal, a punto tal, que le dijeron que no iba a recibir regalo de Reyes nunca, ya que ese regalo lo compraban los padres  y el ya no tenía uno. Su hermano Jorge que estuvo a su lado en aquellos amargos momentos dice que “Juan Carlos fue el que más sufrió por ser el más chico y por ser muy sensible. Por eso es más que valorable que haya dado su vida por un mundo mejor”. Quienes lo frecuentaron, recuerdan que era un buen ajedrecista e hincha de River en fútbol. Ya de grande fue técnico antenista y empleado de comercio en Bahía Blanca, ciudad donde se sumó a la Juventud Trabajadora Peronista (JTP). Perseguido por la represión, en agosto de 1976 se mudó a La Plata. Ya militaba en Montoneros y era quien manejaba las máquinas de la mayor imprenta montonera (clandestina obviamente) que había en esa ciudad. Con otros compañeros, el 24 de noviembre de ese año, murió en combate en una casa operativa de la calle 30 entre 55 y 56, junto a sus compañeros Diana Esmeralda Teruggi, Daniel Mendiburu Eliçabe, Alberto Bossio y Roberto Porfidio (ver sus registros). Se necesitaron 3 horas de combate y más de 100 efectivos armados hasta los dientes, incluso con artillería y vehículos blindados,  para llevarse de éste mundo “a cinco jóvenes comunes por aquellos años, con las ilusiones de tantos, diferentes entre sí, que amaban, reían, discutían, leían mucho (…) que eran rebeldes, apasionados, algunos brillantes en el nivel académico, todos con esa fuerza inmensurable que da la fe en las propias convicciones, sintiéndose herederos de esa resistencia que inició gran parte del pueblo argentino en 1955”, escribe Lalo Painceira en “Dar la vida”.