militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PERALTA, Amanda Beatríz.

“La Negra” nació en Bolívar, provincia de Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1939, en el seno de una familia de clase media radical, antiperonista. Falleció en Gotemburgo, Suecia, el 2 de enero de 2009. Allí se había radicado luego del golpe militar de 1976, previo pasaje por Brasil. Hasta último momento me supo privilegiar con su amistad ya que nos carteabamos bastante a menudo. De jovencita fue pupila a un colegio de monjas en Buenos Aires ya que en su ciudad natal no había escuela para magisterio. Empezó a militar en La Plata en 1955, a los 15 años, en la Federación de Estudiantes de la universidad. Ella cuenta de cómo vivió la revuelta de Valle en 1956 en la ciudad de las diagonales: “Me escapé a ver que pasaba ahí…había mucha gente alrededor de los muros del regimiento. De golpe se escuchan las descargas cuando lo fusilan al Coronel Cogorno. Yo no sé explicar porqué, pero a mí, eso se me clavó en el alma”. Se suma a la Resistencia Peronista y a la Juventud Peronista local. Estudió hasta segundo año de Humanidades en la universidad de dicha ciudad. Con entusiasmo y decisión se sumó a la Resistencia Peronista. En 1962 se registra su paso por Cuba y luego se suma al grupo del “Vasco” Bengochea que mantiene lazos fraternales y operativos con J.P. Sufrió persecuciones y cárcel (agosto de 1964 a marzo de 1965, en diciembre de 1966 por una huelga portuaria y del 9-9-68 al 26-6-71 en que se fuga). Adhiere por entonces (1967) a Acción Revolucionaria Peronista (ARP), el grupo de John W. Cooke y Alicia Eguren. Fue la única mujer del grupo guerrillero de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) apresado en Taco Ralo, Tucumán, en 1968. A posteriori de 1973, militó en las FAP 17. Amanda Peralta nos dejó una reflexión imposible de soslayar luego del genocidio ocurrido en Argentina. “Hay una visión acrítica de los procesos de guerra. Se hace una asimilación de lo ineludible con lo legítimo. No podemos plantearnos erradicar la guerra a través de fomentar las guerras. En 1973 esta confusión era muy grande porque allí la violencia no era necesaria. Sucede que la concepción foquista se conformó con dos componentes: el nacionalista –con todos sus valores patrióticos, los héroes, el sacrificio- y la concepción marxista de la lucha de clases como motor de la historia. Eso dio un cóctel explosivo. Tendíamos a ver la violencia como heroísmo y como valor proletario y socialista. Ahí estaba la idea: cuanto, más milicos limpiemos, más cerca estaremos del socialismo. El problema es cuando descubrís que no podés hacer una guerra sin militarizarte, sin volverte un militar”.