militantes del peronismo revolucionario uno por uno

PEREIRA ROSSI, Eduardo.

Nació el 19 de enero de 1950 en la ciudad de La Plata. Para todos fue “El Carlóm” (Por Carlos de Merlo. En esa localidad del oeste bonaerense desarrolló gran parte de su militancia como miembro de las FAR, pero luego al hacerse conocido en la militancia, su sobrenombre se popularizó como “Carlón”). Fue un valiente y arrojado cuadro de Montoneros que llegó a ser parte de la conducción nacional y murió en Argentina enfrentando a la dictadura militar a la edad de 33 años. El mismo cuenta que cuando estaba terminando el secundario se fue con un amigo “haciendo dedo” hasta Tucumán y que allí quedó impactado por la lucha de los cañeros y que se ofreció para ayudar. Y que le preguntaron si quería ayudar ahora o siempre. ¿Cómo es eso?, dijo. Le contestaron: “Si pintás paredes, arreglás casas, cavás zanjas y alfabetizás nuestros niños, nos estás ayudando ahora; si volvés a tus pagos y organizás la resistencia contra la dictadura y abrís otro foco de resistencia, nos estás ayudando para siempre”. Eduardo era grandote (jugó al basquet), pintón, querido por los chicos y también por las mujeres. Una de sus parejas fue Liliana Beatriz Braguinsky (ver su registro) quien lo llamaba “Dadín”. Eduardo fue estudiante de Filosofía en la universidad. Militante de Juventud Peronista. En 1971 fue detenido por tenencia de arma y documento adulterado. Salió en libertad con motivo de la amnistía presidencial del “Tio” Cámpora en mayo de 1973. Entre 1975 y 1976 se hizo cargo de Prensa en la organización y fue el máximo responsable de la Columna Sur en provincia de Buenos Aires. En 1977 sale del país y sigue la lucha desde México, coordinando prensa y difusión. Inclusive se lo vio cantando a dúo en una guardería cubana con Silvio Rodriguez para los hijitos de los Montoneros que seguían la lucha en otras tierras. Vuelve con la “contraofensiva” de 1980, con el grado de oficial superior y el cargo de Segundo Comandante Montonero. Organiza la resistencia. Mucho tiene que ver con la creación de Intransigencia y Movilización Peronista (IMP) y el diario “La Voz”. Encabezó una concentración de más de 100.000 personas que el 16 de diciembre de 1982 copó la Plaza de Mayo pidiendo, reclamando, exigiendo, el retiro de los militares y la vuelta de la democracia. En primera fila, puede observárselo entre los más decididos, usando las vallas de contención como improvisados arietes para derribar el portón de la mismísima Casa de Gobierno. La consigna que logró imponer por entonces fue: “Luche y se van”. Cuando sus amigos le decían que se exponía mucho, él con una sonrisa amarga en los labios les contestaba, que el promedio de vida de un combatiente para esa época no superaba los 6 meses y que él ya había cumplido ocho veces esa media ¿para qué más? Fue secuestrado el 14 de mayo de 1983, en Rosario, provincia de Santa Fe, en el bar “Magnum” (Ovidio Lagos y Córdoba) cuando compartía una mesa y una charla organizativa a futuro con su compañero Osvaldo “El Viejo” Cambiasso, (ver registro de éste). Al ser rodeado por un grupo de tareas, Carlón,  trató de cortarse la yugular con un vaso de vidrio, pero se lo impidieron a golpes. Los secuestradores se llevaron a ambos y luego se lo pasaron a otros policías que los torturaron y mataron. De esa acción asesina participaron el subcomisario Luis Abelardo Patti, el de “la dulce mirada”, (Liliana Caldini dixit), -luego intendente de Escobar; aliado electoral de "Chiche" Duhalde en provincia de Buenos Aires-, el sargento Rodolfo Diéguez y el cabo Juan Spataro; desempeñándose como Jefe de Inteligencia del II° Cuerpo de Ejército con asiento en Rosario, el coronel Pascual Guerrieri. (En febrero de 2006 se conocieron documentos secretos de los EE.UU. donde se confirma la participación de Patti en el grupo de tareas que asesinó a ambos militantes). Como decía, después de ser salvajemente torturados y dopados, fueron trasladados hasta la localidad de Lima, en la provincia de Buenos Aires, donde los asesinaron luego de inventar, como era ya sistemático, un enfrentamiento ficticio. Los cuerpos acribillados a balazos en la cara, fueron dejados sobre un camino de tierra a pocas cuadras de la Panamericana. El Jefe de la policía provincial, general Fernando Verplaetsen, sin darse cuenta de que los tiempos estaban cambiando y ya la prensa daba lugar a los comunicados de los familiares de los asesinados, insistió en la versión oficial de “un enfrentamiento” y salió en defensa de la “preservación del honor” de los agentes que dieron muerte a Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi. Más que “preservación del honor”; esos pobres tipos eran unos verdaderos “preservativos del sistema” que los usaba y luego los tiraba sin más, agregaría yo. Los tiempos cambian: el 1º de junio de 2006, la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense pidió la reapartura de la causa. Pero el ejemplo y la entereza del “Carlón”, no pasó inadvertida para las generaciones venideras de militantes. Oscar “El Rulo” Frontera en el vigésimo primer aniversario de su muerte escribió: “Eduardo Pereira Rossi, creíste siempre en la victoria popular, interpretaste profundamente a las nuevas generaciones a cuya suerte apostaste el futuro; vos que para nosotros seguirás siendo siempre y simplemente Carlón: el bolsiqueador de potentados, el ajusticiador de fusiladores, el repatriador de abanderadas, te has ido para siempre junto a Fernando Abal Medina, Felipe Vallese, La Gaby Norma Arrostito, el Gaucho Marín, Juan José Valle, y por supuesto en un lugar privilegiado muy cerca de Perón y nuestra Evita, para alumbrarnos con tu ejemplo y enseñanzas el camino de la Liberación Nacional. Carlón tu sangre derramada sobre esta tierra hoy se evapora conformando cielos de auroras triunfales. Estás presente siempre en nuestras luchas ¡¡Hasta la victoria final!!”. La compañera del Carlón, Estela Cereseto, guarda con orgullo y cariño sin par, todos los poemas que Eduardo Pereira Rossi escribió en vida. Quizás el que mejor explique su compromiso y su entrega por una causa, sea este que ahora transcribo en parte y que se llama “Convocatoria”: “Convoco a los que todos los días se levantan y salen a yugarla por migajas que no alcanzan a que se rebelen (...) Convoco a los pacíficos que no están cumpliendo con su deber a pesar de sus buenas intenciones. Convoco a los que no comen lo suficiente ni se abrigan lo necesario y tienen sed torrencial. Convoco a los pequeños de ambiciones que dejan a los demás ambicionar más de la cuenta. Los convoco a dar vuelta el pulóver, a pegarle al prepotente y a escupir en la cara a los que no han sido convocados. Los convoco a romper lo que no sirve, a perpetrar los robos necesarios y recuperar lo perdido. Los convoco a cagarse en el miedo y a patear las puertas donde encerrados están los condenados. Los convoco a abrir las cárceles, a ventilar las tumbas y a levantar las calaveras de los hermanos heridos de muerte. Los convoco a abrazarse en las plazas del país, a escribir los muros y a fusilar a los fusiladores. Los convoco a no atar nada sino a despedazar las cadenas. Los convoco a agitar banderas y colores y correr liberados por las calles y por los campos húmedos de rocío. Los convoco a ser sinceros, a putear a los hijos de puta, a desobedecer al tirano; a amar sin límites y a odiar. Y si a esta convocatoria por impolítica no concurre nadie ¡mala leche! Quedan entonces convocados al entierro de la vida del que tuvo esta pésima idea. Si a esta convocatoria vienen algunos, no importa, en la próxima seremos más. Y si a esta convocatoria vienen todos los convocados, la cordura habrá invadido en revolución nuestro país para siempre”.