militantes del peronismo revolucionario uno por uno

TORRES, Armando Ruperto.

“La familia Torres Retamar era una familia humilde como tantas otras de la zona rural de Mojones Norte en la provincia de Entre Ríos. El padre, la madre y seis hijos vivían en sus tierras, de una explotación familiar con algunos cultivos y animales, de la fabricación de los ladrillos que amasaba y vendía el padre y de la ropa que planchaba la madre. Los chicos iban a la escuela cuando podían, alguno de ellos todavía recuerda que conoció el calzado cuando fue por primera vez a clase, donde el estudio consistió solamente en aprender a leer y escribir”, puede leerse en especialespueblo.blogspot.com. Armando Ruperto Torres estudió en la escuela primaria Nº 21 de Esteban Echevarría. Allí conoció a su primera novia, Miriam Esther López, que luego sería su esposa, cuando él tenía 17 años y ella 15, tan sólo. Tuvieron dos hijas: Elizabeth Esther y Lorena Andrea. Se compraron un terreno en el barrio La Morita y con mucho esfuerzo empezaron a construir su hogar, en el que hoy sigue viviendo Miriam. “Armando cortaba ladrillos, arreglaba motos, trabajaba en la Química Mebomar y también le quedaba tiempo para ayudar a algún vecino y juntarse con otros jóvenes para realizar trabajos comunitarios (…) se reunían en la esquina y juntaban las bolsas de cemento, cal, arena y lo guardaban en la casa de una señora y luego se hacían veredas”, refiere el blog antes citado. Su cuñado, Miguel Ruíz Díaz, rememora: “Había gente a la que le molestaba este accionar de ellos. Capaz que a la misma comisión de fomento que estaba ahí. Ellos se decían peronistas, pero los muchachos también eran peronistas, pero más revolucionarios, con ideas más fuertes, no de hablar, sino de hacer las cosas por el barrio”. Armando (“Yiyin”), fue el primero de los hermanos Torres en entrar a trabajar en la Química Mebomar e integró con ellos la comisión gremial interna. Haciendo una defensa integral y a conciencia de todos sus compañeros de trabajo, ya que las condiciones laborales no eran buenas (al respecto, ver registro de Raúl Eduardo Manrique, otro miembro de la misma comisión interna). También estaban a su cargo, las colectas de dinero para ayudar a los más necesitados en la fábrica (nacimientos de hijos, enfermedades graves, sepelios, etc). A la edad de 23 años, Armando Ruperto Torres, fue secuestrado-desaparecido de su hogar (Szmüller y Martín García. Monte Grande. Partido de Esteban Echeverría), cuando un grupo de indeseables armados, entró a su domicilio rompiendo la puerta, robando su sueldo y una cadenita de oro. Ocurrió el 7 de diciembre de 1976. Cuarenta y ocho horas después la empresa química en la que trabajaba –que ya estaba al tanto de su secuestro- le enviaba un telegrama de despido. Daba la sensación que sabían que nunca más iba a volver. Tiene dos hermanos más secuestrados-desaparecidos por la última dictadura cívico-militar que asoló nuestro país: son ellos Dardo César Torres y Edgardo Buenaventura Torres. (Ver sus registros).