militantes del peronismo revolucionario uno por uno

TARTAGLIA, Lucía Rosalina Victoria.

“La Flaca” para sus amigos. Nació el 6 de junio de 1953 en Santa Rosa, La Pampa. Su padre era un suboficial de la marina italiana (llamado Felippo) que vino al país en 1948. Tenía un almacén de ramos generales. Lucía pasó una niñez tranquila y cómoda. De niña iba al Club All Boys de la zona donde practicaba natación. Estudió en el colegio “María Auxiliadora” hasta tercer año y luego completó el bachillerato en el Colegio Nacional. Para la adolescencia sus rasgos característicos de un hablar tranquilo y sosegado, estaban marcados por una timidez que solo desaparecía si ponían música de su conjunto favorito: Creedence Clearwater Revival. Allí en el baile era otra, se transformaba. Al concluir sus estudios secundarios a fines de 1970 decide irse a vivir a La Plata para comenzar la Facultad. Al año siguiente se anota en Derecho. Empieza a participar de las reuniones que el Frente de Agrupaciones Eva Perón (FA”EP”) hace para discutir la realidad nacional y captar militantes. Se encuadra en dicha agrupación; todos la conocen como “Anteojito”. Su madre, doña María, aún recuerda cuando para esa época volvía a Santa Rosa y discutía con su padre por cuestiones políticas: “Pensar que Lucía antes de irse a estudiar a La Plata no quería a Perón y luego se hizo tan peronista”. La unión de las agrupaciones estudiantiles universitarias partidarias la deposita en la flamante Juventud Universitaria Peronista (JUP) brazo estudiantil de Montoneros. Comienza a ir a barrios carenciados y villas de la zona para ayudar a la organización de sus habitantes. Su padre –que tenía dos despensas en La Pampa- de visita en La Plata, comprueba con sorpresa que más de la mitad de las encomiendas con comestibles que él envía a su hija, esta las deriva así como vienen, sin abrirlas, para los necesitados. Lucía se pone de novia con un compañero de la Facultad que también milita en la JUP: Enrique Román “Shorton” Sierra. (Ver su registro). Ambos profundizan su compromiso con la revolución. Para 1974 en una carta que Lucía la escribe a su madre le dice claramente, premonitoriamente: “Hay decisiones que se toman para toda la vida”. Al final, luego de tantas luchas contra la burocracia partidaria, la oligarquía y el imperialismo, es secuestrada entre el 24 y 25 de noviembre de 1977. La llevan al centro clandestino de reclusión conocido como “El Banco” (Autopista Ricchieri y Camino de Cintura). Allí le pasa de todo un poco. Al llegar es torturada y si bien no se sabe a ciencia cierta que datos tira, hay gente como “El Negro” Raúl Radonich que sabe que hoy está vivo porque ella no lo “cantó”, sabiendo todo sobre él. Los milicos la ponen a trabajar en la lavandería y luego en tareas administrativas de oficina. Lucía se caracteriza por conservar una alta cuota de solidaridad, aún en circunstancias denigrantes como esas, compartiendo pan y abrigo con los más débiles y enfermos. En cautiverio forma pareja con Horacio Cid de la Paz, un ex militante de la UES y Montoneros que pasa a colaborar decidida y abiertamente con los represores. Queda embarazada. Aparentemente de este sujeto, aunque hay una versión no confirmada ciento por ciento, de que fue violada por un gendarme de la guardia del lugar. En una carta que llega a escribirle a su madre desde el cautiverio, le dice que si es nena va a llamarse María Victoria y si es varoncito, Sebastián. A fines de diciembre de 1978 la llevan a parir al Hospital Militar. Le roban la criatura y ella es “trasladada” y “desaparecida”. El 5 de diciembre de 2004 en el Colegio Nacional de La Pampa, le realizan un emocionante homenaje, a ella y a Daniel Elías otro estudiante asesinado. La placa que puede verse en ese establecimiento educativo dice: A vuestra memoria y la de todos los desaparecidos que soñaron y lucharon por una sociedad más justa. Sus compañeros de promoción. Colegio Nacional 1970 – 5° “A”. Hasta allí llego ese mismo día la palabra de nuestro presidente Kirchner: “Quiero rendir homenaje a la memoria de estos compañeros y amigos que, como tantos otros, ya no están aquí por sólo querer un mundo mejor, por sólo haber tenido la decisión y el coraje de levantar la voz ante las injusticias que ocurrían ante sus ojos. Ellos, además de valientes, fueron héroes que buscaron torcer el autoritarismo y la voluntad represiva de una clase dirigente genocida que se apoderó del país”. Por último, un proyecto del concejal pampeano Rubén Funes se aprobó por unanimidad y una calle de tierra de 200 metros de extensión en Santa Rosa, por Ordenanza N° 3270/04 lleva el nombre de “Lucía Tartaglia”. Eso queda en el Barrio Zona Oeste Quintas, uno de los sectores más humildes de esa ciudad capital. Seguramente Lucía está feliz del lugar elegido para recordarla siempre.