militantes del peronismo revolucionario uno por uno

TOLEDO, Jorge Miguel

“Negrito”. Olavarriense. Nació el 2 de febrero de 1953. Ya desde la secundaria se perfiló como un excelente alumno. Gustaba del fútbol y del ping pong. Contador Público Nacional a los 23 años. Líder universitario del peronismo local. Entre 1972 y 1973 logró para Olavarría la apertura del 5º año de la carrera universitaria que no existía y obligaba a los estudiantes de bajos recursos a no poder concluir la carrera; para tal fin contactó a Don Alfredo Fortabat quien accedió al requerimiento. De aquella época es su recordada frase: “Si hacer política es gestionar para que cada uno tenga un plato de comida en su casa… yo hago política”. Con 20 años, su cara ovalada, su piel cetrina y el infaltable remolino en el pelo, ya era un excelente orador. Rubén “Chato” Sampini que militó en la JUP dice sobre él: “Una personalidad superior a la del soldado; comprometido pero indispuesto al orden, cuestionador, con mucha inteligencia; nunca fue orgánico y tenía pasta de líder”. Una vez producido el golpe militar del 76’ le avisaron que lo buscaban para apresarlo y matarlo; que se fuera al Sur para preservar su vida. Dijo: “Si me matan por peronista hay que agradecer a Dios que me matan por mis ideas. Aquí tengo a mi novia, a mi familia y la gente que me quiere”. Lo van a buscar con un Falcon verde, el 6 de febrero de 1978. Dicen que enseguida lo van dejar en libertad. Sufre una condena militar de seis años y medio de prisión. Pasa por la cárceles de Sierra Chica, Azul y Caseros. En ésta última, “inteligencia militar” le ofrece dejarlo en libertad si firmaba un papel por el cual se arrepentía de “realizar tareas subversivas”. Se negó. Lo empezaron a medicar mal, para hacerle perder el juicio de a poco. Sus padres recibieron una carta oficial de la prisión en la que se aseguraba que Jorge se había ahorcado en su propia celda, el 29 de junio de 1982. Sus restos fueron sepultados en el viejo cementerio municipal de su ciudad natal. Su compañera de siempre Ángela Ondícola (Angelita), a la que conoció con 17 años, cuando el tenía 19, en uno de los históricos bailes de Pueblo Nuevo, es quien hasta hoy visita su tumba del cementerio de Olavarría.