militantes del peronismo revolucionario uno por uno

VENEGAS, Lilia Mabel.

“La Negra”. Nacida el 25 de junio de 1946. Esposa de Carlos Miguel (ver su registro). Tenía con él, dos hijos: Juan Rodrigo y Manuel Ignacio. Ella fue militante de la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN) y de la Juventud Peronista de La Plata. Egresada de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en la Facultad de Ciencias Veterinarias. A la edad de 31 años fue secuestrada de la “Veterinaria Ankar” (Avenida Luro 6757. Mar del Plata) con otra pareja, el 4 de mayo de 1978. Las fuerzas represivas, autoras de su “desaparición”, volaron luego su cuerpo en una casilla de madera de la Bajada del Balneario Luna Roja junto a otros militantes, el 2 de agosto del mismo año. Adujeron falsamente que estos volaron por los aires cuando estaban manipulando explosivos. Todo lo ocurrido al respecto puede leerse en el libro de investigación del abogado marplatense Carlos Bozzi, titulado precisamente “Luna Roja”. Sus restos fueron enterrados como N.N. en el Cementerio Parque de Mar del Plata. Hasta que en septiembre de 2011 debido a la encomiable tarea del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), fueron identificados y trasladados a La Plata donde la Asociación Memoria Fértil, la Cátedra Libre por el Pensamiento Nacional, familiares y compañeros realizaron un acto en su homenaje, en el Salón del Consejo Superior de la Universidad Nacional de La Plata (calle 7 e/ 47 y 48, 1º piso) para luego inhumar sus restos en el Mausoleo “Memoria, Verdad y Justicia” del cementerio platense. En dicho acto Hugo Bacci fue el primero en tomar la palabra y se dedicó con minuciosidad a recordar el carácter de su entrañable compañera de militancia: “Este es un homenaje a esa gran mujer, joven, discutidora, pícara, linda, simpática y de sonrisa contagiosa, que se crió en el campo, en las afueras de La Plata y creció en Mar del Plata, gracias a lo cual mamó las dos culturas, la rural y la urbana (…) una compañera simple, común, que vino a estudiar Veterinaria a La Plata y cuando comprendió que el pueblo estaba denigrado y humillado, decidió hacerse militante política para revertirlo con la lucha, con su corazón puesto al servicio del pueblo y la patria, como decía ella”. En el cementerio, un rato más tarde, Gonzalo Chaves, militante de Memoria Fértil fue el encargado de pronunciar las últimas palabras antes de sepultar los restos: “Que su sonrisa nos persiga y nos dé alegría siempre” deseó en voz alta, antes que los familiares de La Negra cubrieran su cajón con flores rojas y amarillas para dejarla descansar en paz. Ahora sí.