militantes del peronismo revolucionario uno por uno

VÁZQUEZ, Aníbal Romeo

Hincha de Estudiantes de La Plata. Era hijo único, de padres muy mayores y claramente de una familia peronista. A fines del ’72, principios del ’73 con la campaña del “Luche y Vuelve”, Aníbal con tan sólo 16 años empieza a militar en la Juventud Peronista de Ensenada, tomando parte de actos, encuentros, reuniones, volanteadas y actos relámpago. Politizado e inquieto. Discutidor. Pero también honesto y muy puro en sus sentimientos. Fue quien le dio forma y organizó la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) de Ensenada siendo uno de sus fundadores. Él crea el centro de estudiantes del Colegio Industrial (es técnico mecánico) y vueltas de la vida tiene un romance con una profesora mucho más grande (Marita. 25 años. Rubia de muy buena figura) lo que de alguna manera genera la admiración y sana envidia de los demás pendejos que ya de tiempo atrás se hacían la “croqueta” con esa mina que daba clases solita y sola en un colegio de hombres. Para toda esta muchachada el prestigio de Aníbal se fue por las nubes. Pero esto, al compañero no lo desviaba un ápice de su objetivo. Hacía trabajo territorial en los barrios con sus compañeros de la UES dando ayuda escolar, organizando tareas, festejando cumpleaños en forma grupal para fortalecer vínculos. Su amigo Carlos Deleo nos arranca una sonrisa cuando cuenta: “En una oportunidad cayó preso con unos compañeros de Berisso cuando estaban repartiendo los camiones con mercadería que se le había exigido a Bunge & Born. Un camión grande llegó a Berisso y había doce compañeros que estaban descargándolo en un galpón, entre ellos Aníbal. Por casualidad pasó un policía, vio algo extraño, entró con el arma y los arrestó a los doce que estaban ahí. Muchos eran de la UES, es decir menores, y por eso los largaron enseguida. Eso originó muchas cargadas: que un solo vigilante hubiera detenido a doce compañeros, por lo que planteamos que si la correlación de fuerzas era esa, entonces no podíamos hacer la revolución a no ser que nos dieran una mano los chinos”. Siguió la lucha de nuestro pueblo; siguió la lucha de Vázquez y sus compañeros. Él salía con las obleas de Montoneros y las pegaba en los micros en un momento en que las fuerzas militares hacían “pinzas” a diario, paraban todos los transportes, pedían documentos, por lo cual andar con esas obleas encima era muy arriesgado y peligroso. Aníbal Vázquez fue secuestrado-desaparecido el 30 de abril de 1977. Deleo afirma sobre su amigo que: “Cuando me enteré de su desaparición medio mucha pena. Lo quería muchísimo. Era un tipazo. Un compañero íntegro al cien por cien; no tenía una fisura. Un tipo joven sin ninguna fisura, coherente con lo que hacía, coherente con la vida que desarrollaba, un grado de pureza terrible, comprometido con la causa, con la lucha que había emprendido. Él estaba convencido que esta lucha se ganaba y que no había que bajar los brazos y que la propaganda era fundamental para ganar la lucha y yo veía que por otro lado la situación estaba cada vez más complicada, que nuestras fuerzas se habían desarticulado, que la gran mayoría habíamos quedado desenganchados, que lo único que nos quedaba era preservándonos, reorganizar la situación si se podía, volver a juntar fuerzas para salir y no regalarnos haciendo propaganda, por mínima que fuese teniendo todas las fuerzas de seguridad en la calle siguiéndonos, eso era una locura. Esta era parte de una de las discusiones que manteníamos. Aníbal no lo comprendía y él siempre estaba viniendo a Ensenada sin tener en cuenta su seguridad y viene finalmente a caer en Ensenada, en la puerta de la casa de sus padres. A Aníbal lo estaban esperando en la puerta de la casa y parece que cuando él llega le dieron la voz de alto, intentó escapar, le tiraron, lo hirieron y se lo llevaron. Tenía 19 años”.