militantes del peronismo revolucionario uno por uno

VARGAS, Domingo Eduardo.

Nace en Salta capital, el 13 de octubre de 1949. En esa ciudad se rumoreaba que era hijo, de una señora afectada al servicio doméstico y un hacendado salteño que nunca lo reconoció. Luego de cursar estudios secundarios incompletos, se engancha en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina, donde se capacita durante 3 largos años, para luego pedir la baja. Para 1971 se traslada con su madre y 3 hermanos a San Salvador de Jujuy donde trabaja en una concesionaria de automotores, siendo delegado del SMATA, al mismo tiempo que milita en la Juventud Peronista, donde para todos es “El Negro Hugo”. (También le decían “El Negro Sal” por Salta su ciudad de origen). El 11 de noviembre de 1974, ya fallecido el General Perón y el proceso de liberación  nacional interrumpido, es detenido en la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán (Salta). Es sobreseído por el Juez Federal de Jujuy, Dr. Néstor Meyer, el 19 de agosto de 1975, pero sigue detenido a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional). Hace uso de la opción para salir del país de acuerdo a lo establecido en el Artículo 23 de la Constitución Nacional. El 9 de septiembre de 1975 viaja a México. Allí conoce a su compañera Juana Juárez (ver su registro). Juntos vuelven en 1978 como miembros de las TEA en el  Ejército Montonero, llevando a cabo diferentes objetivos políticos y militares con motivo del Mundial de Fútbol. Para junio de 1979 salen de nuestro país y se suman a la lucha por derrocar al dictador “Tachito” Somoza en Nicaragua, desde las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). “El Negro Hugo” llegó a desempeñarse como segundo comandante tanquista de las fuerzas rebeldes. Triunfante la revolución, siempre junto con Juana, se fue para El Salvador, poniéndose a las órdenes de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Murió cuando le explotó encima de su cabeza un disparo de mortero enemigo. El historiador Berne Ayala a través de un correo electrónico me acerca más precisiones sobre esta última etapa de la vida del “Negro Hugo”: “Me apena mucho saber que ni siquiera el FPL, organización donde Hugo militó y realizó un aporte impresionante, hable hoy de él. Hugo entrenó las primeras fuerzas guerrilleras de élite de esa organización, las fuerzas guerrilleras que derrumbaron cuarteles e hicieron historia tienen la firma de ese argentino admirable. He hablado con muchos veteranos guerrilleros, la mayoría campesinos, que le conocieron cuando eran muy chicos en las montañas de Chalatenango, siempre hablan del Negro Hugo como cuando se habla de un padre”. De la importancia y el respeto que se supo ganar como combatiente Vargas, habla el hecho, de que Nicolás Doljanin narra su vida y le dedica “La Sombra del Tío”, un libro de 290 páginas, Premio Casa de las Américas 2013 en el rubro Literatura Testimonial.  Y Rigoberto López Moreno también lo recuerda a través del texto “Piedra: edificando la esperanza”, de este modo: “El Negro Hugo era argentino y forjador de las primeras Unidades de Vanguardia (UV) en Chalatenango y como instructor enseñó a combatir. Entre todos los internacionalistas muy pocos eran militares, con mínimas excepciones nunca fueron jefes. En su mayoría esos hombres y mujeres eran muy modestos y lograron adaptarse y compartir una tortilla o un único cigarro. Asumían las tareas asignadas como cualquiera de nosotros (…) El Negro Hugo era un argentino de piel morena. Había entrado al país a mediados de 1981 y venía de Nicaragua. Él junto con otros internacionalistas, formaron una unidad militar que había combatido al lado de los sandinistas en el Frente Sur y entraron triunfantes a Managua durante la victoria sandinista. Era un compañero de amena conversación que, como muchos otros internacionalistas, llegó al país decidido a combatir al mismo enemigo que acechaba al mundo entero y en particular a Latinoamérica, donde varios países aún eran gobernados por dictaduras militares”.