militantes del peronismo revolucionario uno por uno

VARGAS, JUAN RAMON 1

VARGAS, Juan Ramón.

“Horacio Ernesto Vargas tenía apenas 12 años cuando dos de sus cuatro hermanos, Juan Ramón y Dora Elena, desaparecieron. En el mismo tiempo, prácticamente en simultáneo, su padre estaba preso y otra de sus hermanas se encontraba en un centro clandestino de detención junto con su esposo. El cuadro de pérdidas y persecuciones familiares se completa con la desaparición de Dorita Noriega, la novia de su hermano Juan Ramón. La joven estaba embarazada” cuenta el periodista Carlos Rodríguez en el “Página 12” del 11-02-08. Juan Ramón Vargas, nació  en Goya, Saladas, provincia de Corrientes, el 6 de marzo de 1955. A la edad de 21 años, fue secuestrado-desaparecido el 20 de noviembre de 1976 en la ciudad de Corrientes. Fue visto mientras estaba en esa condición, en el Regimiento de Infantería 9 de esa ciudad, esposado, tabicado y torturado. Olimpia, su hermana, reivindica para Juan Ramón y toda su familia el hecho que los llevó a tantos padeceres: “Nuestra familia fue perseguida por ser peronista”. A Juan Ramón Vargas le decían “El Mono”. Hizo la primaria en Goya y el título secundario vino por su estudio en la escuela “Presbítero Manuel Alberti” de la misma ciudad correntina.  Al momento de su desaparición estaba en la ciudad capital provincial cursando en la UNNE, el tercer año de Odontología y militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y también en la J.P. Previamente pasó por la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Su hermana lo define como “muy atlético, medía 1,80 m y practicaba fútbol, rugby, vóley. Era morocho, de pelo largo y lacio que se hacía crespito en la parte de atrás”. Por Resolución Nº 2.748 del Honorable Concejo Deliberante de Goya (6-4-2016) se coloca una “Baldosa para la Memoria” en su homenaje, entendiendo la misma como “un acto material con un profundo sentido simbólico que pretende dejar una huella en aquellos lugares donde vivieron, estudiaron, trabajaron o fueron capturados numerosos argentinos, por el sólo hecho de pensar distinto”. Fue colocada en su casa ubicada en Agustín P. Justo Nº 229 de aquella ciudad correntina, donde pasó su niñez y parte de su juventud. Lo del sobrenombre que se ganó: “Mono”, saber por qué es muy divertido. Ocurre que cuando de niño y jovencito, jugaba al fútbol con los chicos del barrio –eximio número 10, campeón varias veces con su equipo- gustaba al mismo tiempo de comer maní y como para colmo era morochito…