militantes del peronismo revolucionario uno por uno

VÁZQUES OCAMPO, MARIA MARTA 1

VÁSQUEZ OCAMPO, María Marta.

Nacida el 28 de diciembre de 1952 en la ciudad de Buenos Aires, en un nuevo aniversario de los Santos Inocentes. Hija de un diplomático de carrera, su abuelo materno había sido Embajador  en Italia durante el primer gobierno de Juan D. Perón. Terminó la secundaria en el colegio de monjas de la Misericordia y allí comenzó a misionar a El Maitén y El Bolsón, en el sur argentino. Psicopedagoga egresada de la Universidad del Salvador; concurrente en el Hospital Municipal Piñeyro. Catequista, participó en varias oportunidades de grupos misioneros como dije antes. Integró el Movimiento Villero Peronista (MVP) en el Bajo Flores, donde hacía funcionar una escuela para niños con dificultades. Militante peronista de “Cristianos para la Liberación”. Secuestrada-desaparecida en su domicilio a las 3 de la mañana, el 14 de mayo de 1976, cuando estaba embarazada de dos meses, por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Para más datos ver registro de su esposo César Amadeo Lugones Cassinelli. Cabe señalar y reproducir lo que se escribió sobre su tarea en la villa del Bajo Flores, en la Escuelita de Belén, según el libro  “Micrófonos para el pueblo. FM Bajo Flores” en el año 2008. “Los que hoy tienen entre 40 y 45 años guardan la memoria de ‘esos pibes y pibas de la JP’ como uno de los recuerdos más añorados de su infancia. Comprometidos pero alegres, trabajadores pero divertidos, tiernos y guerreros, exigentes consigo mismos y comprensivos con los demás. Ellos dejaron regados de mística los rincones del Bajo Flores. Ahí donde haya una fiesta, una lucha por la reivindicación de nuestros derechos, una obra en construcción, un grupo de jóvenes que quiere cambiar la realidad del barrio, una ayuda sincera, un apretón de manos, un abrazo y tantas otras cosas que hacen especial la vida de nuestras calles y pasillos, ahí mismo ellos están y estarán presentes. Fueron parte de los años de más brillo, antes que vinieran los tiempos oscuros. No existe cura, vecino o compañero que pueda recordarlos con más de tres frases. Su recuerdo produce silencios y lágrimas. Casi todos ellos se encuentran desaparecidos. Se los extraña porque se los necesita. Se los necesita porque eran los mejores”.