militantes del peronismo revolucionario uno por uno

VELEDA, RICARDO 1

VELEDA, Ricardo Horacio.

Nacido el 12 de julio de 1951, en el seno de una familia de clase media acomodada, en General Pico, provincia de La Pampa. Cursó el secundario en el Colegio Nacional “República El Salvador” de su ciudad natal. Un amigo lo recordó así: “Ricardo era alto, un tanto desgarbado al caminar, inquieto e inocente en el trato. Usaba larga y desordenada cabellera y barba incipiente. Había descubierto la política como una vocación y a ella se había volcado con pureza, casi con ingenuidad, pero siempre trasuntando asombro ante lo desconocido, alegría ante el diario descubrimiento de la vida”. Cuando explotó el Cordobazo el 29 de mayo de 1969, Veleda estaba en quinto año del secundario. No ingresó a clase y arengó a sus compañeros en la puerta del establecimiento educativo para que se encolumnaran y manifestaran contra la dictadura militar de Onganía: hubo una marcha por la ciudad y Ricardo fue el orador al cierre de la misma. Después se fue a estudiar a la Escuela de Ciencias de la Información cordobesa hasta 1974 inclusive. Allí abrazó la causa del peronismo revolucionario; primero en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y luego en Montoneros. A Ricardo sus compañeros le decían “Vizcachón” por el grueso bigote que portaba. Para 1976 vivía en Avellaneda, trabajaba en una industria gráfica y si bien seguía su militancia, tenía fuertes discusiones por la marcha de los acontecimientos dentro de la "orga". El 14 de mayo de 1977, un grupo militar forzó su domicilio de Avenida Coronel Díaz 1410 –Avellaneda- y lo secuestró delante de su mujer e hijita. Nunca más apareció con vida. Su amigo Eduardo recuerda emocionado: “La última vez que lo vi al ‘Flaco’ Veleda, fue una tarde en la calle Jerónimo Luis de Cabrera de Alta Córdoba, en octubre de 1976. Él pasó con su motoneta Siam y frenó en cuanto me vio caminando. Se alegró de verme vivo y me dijo que a él también los milicos lo andaban buscando, pero que se quedaría una días más en Córdoba antes de irse a vivir con sus viejos. Nos despedimos con un abrazo y nunca más supe de él, hasta que con dolor me enteré de su desaparición. Éramos peronistas…”