Roberto
Baschetti

Axat, Rodolfo Jorge

Nacido en la ciudad de La Plata, el 1 de febrero de 1947. Su padre, el Dr. Carlos Alberto Axat, perteneció a la Corte Bonaerense. Rodolfo cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional platense “Rafael Hernández”; el salón de música del Colegio lleva actualmente su nombre. Deportista, jugaba en La Plata Rugby Club. Formó parte del Movimiento Siloísta entre 1971-1972, motivo por el cual realizó retiros espirituales en el Valle del Yala (Jujuy). Estudiante de Filosofía y Medicina en la UNLP. Las lecturas de los trabajos de John William Cooke lo llevaron por otros caminos. Ingresa en las FAR en 1973 para luego de la fusión, pasar a Montoneros, donde era conocido como “Fel”, “Juan” y/o “Simón”. El 20 de junio de 1973, durante el regreso definitivo de Perón a Argentina es baleado en una pierna. En 1975 se incorpora como obrero al frigorífico Swift de Berisso. En 1976 nace su único hijo, Julián. Secuestrado-desaparecido junto a su esposa y compañera de militancia, Ana Inés Della Croce (ver su registro) el 12 de abril de 1977, en la casa de su suegra. Precisamente su hijo Julián y su nieta Juana, como parte de un recordatorio aparecido en “Página 12” en el año 2007, escriben a Rodolfo y Ana: “pero seguimos capaces de remontar y desear, ser el mismo volcán, están en nuestros ojos”. Antes de su asesinato, “Fel” Axat fue visto con vida en el CCD “La Cacha” donde sobrevivientes narran que Rodolfo cantaba la canción de Doménico Modugno “El Hombre de Frac” para animar a sus compañeros cautivos. Canción que comenzaba con esta estrofa: “Dormida está la calle / la noche es muda y fría / No deja en su agonía /ni un rumor en la ciudad”. Además, cuenta Julián que: “Cuando mi viejo desaparece, mi abuelo (su padre) hizo un cambio en la forma de pensar. De ser un abogado civilista que nunca había hecho un Habeas Corpus, tuvo que ponerse a pensar, de que manera buscaba a su hijo. Hizo una crisis de profesión. Para ellos, mi viejo era la oveja negra de la familia, mi abuelo lo criticaba porque no soportaba en que andaba, menos que entrara a trabajar de obrero, cuando podía ser filósofo o médico que era lo que anhelaba mi abuelo. Y encima ¡dejar el rugby! Mi abuelo fue uno de los tantos que decía ‘mi hijo es inocente’. Luego pasó a ser uno de los fundadores de la APDH la Plata; devino así en un militante de las organizaciones de derechos humanos, algo que jamás pudo prever”.