militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BAFFI, Juan Carlos.

 

“Negro Sergio”. “Serrucho”. Militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). El 26 de octubre de 1971, a la hora de entrada al trabajo para centenares de trabajadores del complejo fabril de Fiat (Concord-Materfer) de Córdoba, efectivos militares fuertemente armados y dirigidos por el Comandante del III Cuerpo de Ejército, general Alcides López Aufranc, rodean el lugar con el fin de implementar la ilegalidad del sindicato Sitrac-Sitram. Como respuesta a esta acción represiva, las Organizaciones Armadas Peronistas (OAP) deciden raptar a un alto ejecutivo de la empresa imperialista, con el fin de obtener un cúmulo de reivindicaciones para los trabajadores de la planta. A las 6 de la mañana del 3 de noviembre de 1971, los guerrilleros peronistas aguardan su paso por la ruta, pero éste se demora más de una hora. La presencia de los militantes llama la atención de los policías provinciales y se desencadena un tiroteo, a consecuencia del cual, mueren acribillados a balazos el mencionado Baffi y otros tres de sus compañeros: Raúl Juan Peressini, Agustín Luis Villagra y Carlos Enrique Olmedo (ver sus respectivos registros). Pasará a la historia como “el combate de Ferreyra”, siendo inmortalizado en una canción por el grupo folclórico “Huerque Mapu”. Un compañero de militancia suyo, Julio César Rojo Luque, (en su escrito “Desde el Exilio. Recuerdos de Militancia”) da a conocer un operativo que los tuvo como protagonistas: “Con el ‘Serrucho’ Baffi y toda la orga de Córdoba, participamos en la toma del estadio de fútbol del club Atlético Belgrano en Barrio Alberdi. Se jugaba un partido entre el local y Huracán del barrio porteño de Parque de los Patricios. Con ‘Pancho’, ‘El Tincho’ y ‘El Pendejito’ estábsamos sentados en la tribuna. Antes habíamos colgado de la pared dos pancartas que al abrirse detonaban unas bombas de estruendo que lanzarían al aire volantes de las FAR. ‘Cepillo’ y ‘Serrucho’ se encargaban de la toma de la torre de transmición y desde allí harían sonar la Marcha Peronista y una proclama nuestra a los obreros peronistas. El resto estaba apostado en las puertas por donde abandonaríamos el estadio y llegaríamos luego a los choferes en sus coches, para la retirada de todos los que participabamos. Cuando comenzó a sonar la Marcha Peronista, la hinchada de Belgrano justamente empezó a entonar el himno del club y no se los escuchaba nada más que a ellos. El inicio de la Marchita fue la señal para que descolgaramos las pancartas que tirarían los volantes. De cualquier manera la operación fue perfecta en cuanto a cumplir lo planificado, pero si alguien se enteró, fue el lunes por la prensa, que en un pequeño recuadro decía que había sido tomada la cancha de Belgrano, reducida la guardia de seguridad, que se había pasado la Marcha Peronista y una proclama de una organización subversiva. Toda la orga en juego, y el resultado desde el punto de vista de la propaganda, lamentable…”.