militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BORRAJO, Marcelo Enrique

 

Entrerriano de Gualeguaychú, nacido un 30 de enero de 1955. Primaria (Escuela Normal “Olegario Victor Andrade”) y secundaria (Colegio Nacional “Luis Clavarino”) en dicha ciudad entrerriana. Se recibe de bachiller. Militante de Juventud Universitaria Peronista (JUP) en la Facultad de Derecho platense (presidente del centro de estudiantes) y cuadro montonero. Secuestrado-desaparecido a la edad de 21 años, el 17 de diciembre de 1976. (Se lo llevaron de Calle 39, Nº 830, Depto. 2. La Plata). Para más datos, ver registro de su novia Mirtha Irene Pérez. Aporto a continuación un testimonio vívido: “Me llamo Silvia Etcheverry. Soy una compañera que estudiaba Derecho en La Plata en 1975/76. Después de andar bastante perdida, me pasaron una cita para encontrarme con Marcelo un compañero que era muy amigo de Lupín (Raúl Elizalde; no confundir con “Lupín” Kirchner que era de la FURN) con el que nos conocíamos de la JUP en aquella facultad. Entonces esa tarde, creo que era el mes de enero de 1977, fuí a la cita, porque realmente no podía encontrarme con nadie, la cosa estaba muy mal, sentíamos mucha presión. La cita era entre la calle 13 y 15 por 34 ó 35. Era una zona familiar para mí; tenía gente conocida y por eso me animé. Error y horror. Nunca me voy a olvidar en toda mi vida. Iba yo caminando y veo doblar por una esquina a Marcelo, yo pensé que nadie iba a ir, porque las citas anteriores que me pasaban no se concretaban, no iba nadie. En eso lo veo a Marcelo y amago una sonrisa y lo miro a los ojos, estaríamos a unos 20 metros, pero su cara se transformó, sus ojos se cerraron y me hizo señas para que me fuera, que desapareciera, que me borrara. Levanté la vista un poco y vi tres tremendos tipos todos trajeados, con lentes negros y un auto que venía cerca. Casi me muero, no se como no me dio un infarto, seguí caminando y en cuanto pude me metí en una casa conocida y me quedé hasta la noche. Recuerdo que Marcelo antes de decirme con los ojos y gestos de cara que me fuera, me miró la panza (yo estaba embarazada de 6 meses y mi hijo nació el 24 de marzo de 1977). Nunca supe nada más de Marcelo, ningún dato, no se si ese era su nombre, de donde era, ya para esa época nadie sabía nada de nadie. Recuerdo su cara, como estaba vestido ese día, gracias a él yo volví a vivir y mi hijo también. Siempre quiero contar esto porque es una manera de rendirle homenaje al compañero, de dar a conocer su integridad en ese acto que valió dos vidas. Es doloroso acordarse de estas cosas, pero es valioso porque de esto se trata la memoria”.