militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BURGOS, Carlos Alberto

 

Proviene de un hogar modesto. Su madre Mimí, enfermera; su padre Felipe, suboficial del Ejército. Seminarista desde los 11 a los 14 años. Dirá: “No pude esperar el reino de los cielos, preferí luchar por el reino del Hombre en la tierra”. La revolución antiperonista del ’55 le hace reflexionar amargamente: “Pude ver la desesperación de las clases populares y la revanchista resurrección de la oligarquía”. Estudiante universitario mendocino allá, en su lejana juventud, Actúa en la campaña presidencial de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) entusiasmado por el programa y las promesas de Arturo Frondizi. Desencantado y presto a la lucha, en 1958 comienza a actuar dentro de las filas del peronismo proscripto, llegando a ejercer el cargo de secretario general de la Juventud Peronista de Mendoza. En febrero de 1960 dirige un periódico mimeografiado: “El Guerrillero”. En ese mismo año de 1960 (14 de junio), “Quito” Burgos, fue detenido por el Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), salvajemente torturado (por un momento pensando que lo iban a matar, canta la Marcha Peronista) y fue acusado de “terrorista” por atentar contra una empresa petrolera extranjera y decapitar una estatua de Urquiza. El atentado en cuestión, fue haber arrojado una bomba contra el garaje de la compañía petrolera yanqui Developpment, subsidiaria de la Banca Carl Loeb. Tenía 21 años y la justicia militar le dio 25 años de prisión. (Por este hecho el general Perón desde el exilio le otorgó la Medalla al Valor Peronista, asegurando que se la entregaría personalmente a su vuelta a la Patria. Cuando el Líder regresó al país, “Quito” Burgos trató de que Perón cumpliera su promesa, pero López Rega impidió el contacto entre ambos, cuenta su esposa Martha Fernández). Dos años más tarde desde la cárcel de Santa Rosa, La Pampa, escribió en forma de poema: “Cristiana, occidental y capitalista, esta cárcel es, Patria, todo lo que has podido hacer por tus hijos morenos, mestizos, peones y hacheros, destruidos hombres de esta Pampa cereal y latifundista. Pero ni estos muros son definitivos. Te estamos haciendo en la lucha un bello rostro nuevo, Patria, para que te vistas de amor y de pan, de fraternidad y justicia, de igualdad y alegría”. En la cárcel de Caseros, “Quito” conoció a su mujer, un 31 de agosto de 1962 y se casó con ella, el 27 de diciembre del mismo año, también en la cárcel: tuvieron un hijo Juan Manuel Ernesto. Burgos adhirió al Peronismo de Base (PB) y a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP); y más tarde, sumó su esfuerzo militante a la CGT de los Argentinos de Raimundo Ongaro.  Burgos, que reconocía en el General Perón, el punto de unidad política de las masas, pintó en miles de paredes de Argentina aquel famoso “Luche y Vuelve” a principios de los ‘70. En su exilio forzado con motivo de la última dictadura cívico militar que asoló nuestra patria, Burgos volvió a Cuba en 1977, trabajando en Radio Habana, militando en la Unión de Periodistas Cubanos y también cortando caña. Allá hizo su tesis “Prensa Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1975” que le permitió acceder a la Licenciatura en Periodismo en 1983, en la universidad habanense. En la resistencia a la última dictadura, se acercó a los postulados políticos y militares del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Militante de “Todos por la Patria” y organizador de la revista “Entre Todos”, murió en el asalto frustrado al RI 3 de Infantería “General Belgrano” de La Tablada, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, en 1989. Su trayectoria militante a lo largo de su existencia fue reconocida por los poetas. Fermín Chávez lo menciona con nombre y apellido en los ’60 en “Poemas con Fusilados y Proscriptos” y Armando Tejada Gómez le dedicó sus “Coplas del Prisionero”.  La foto que ilustra este relato fue sacada con su traje de presidiario cuando era preso Conintes, como dije, allá por los ’60.