militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BENENCIO, Luis Francisco.

 

“Jaimito”. Nació el 11 de febrero de 1945 en Tigre, provincia de Buenos Aires. Falleció en la tarde del 28 de diciembre de 2011, en un nuevo aniversario del “Día de los Santos Inocentes”, víctima de una cruel enfermedad como es la leucemia. Sus restos fueron inhumados en el cementerio de la Chacarita. Hasta su deceso fue colaborador  de la Federación Judicial Argentina de la Central de Trabajadores Argentinos (FJA-CTA). Con anterioridad, desde fines de 1971 y hasta poco antes del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, fue obrero en ASTARSA. Allí militó en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) en la “Agrupación José María Alessio”, pero debido a su compromiso como delegado gremial en defensa de sus compañeros de trabajo debió pasar a la clandestinidad, refugiándose en Mendoza con su familia. Supo decir: “Si tuviera que definir sintéticamente los objetivos que teníamos en aquellos años, diría que la consigna ‘Liberación o Dependencia’ es la que mejor representa la orientación del pensamiento que animaba nuestras acciones. Basta ver el estado en que nos encontramos hoy, para entender el diagnóstico de situación de esa época. Esa consigna tenía el valor de una visión histórica que anticipaba el futuro”. Su testimonio sobre la represión en el astillero antes mencionado quedó para siempre en el documental “Cazadores de Utopías” de David Blaustein y en el libro “La Voluntad” de Anguita y Caparrós. Esto sin olvidar el relato vivo que se produce, en el libro “Los zapatos de Carlito” (sin ese), escrito por Federico Lorenz y donde asoman con crudeza y emoción los testimonios de los obreros navales protagonistas de las luchas político-sindicales en ASTARSA y otros astilleros y que además, durante la dictadura genocida sufrieron duramente los avatares de la represión. Allí también figura Luis Francisco Benencio en su dimensión de militante político y gremial. Y debe recordarse además que fue él, quien señaló a los empresarios del astillero como responsables intelectuales de las desapariciones de sus propios trabajadores. Con motivo de su fallecimiento, apareció un obituario con su fotografía en el matutino “Página 12”, firmado por la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte del Gran Buenos Aires, organización de la que él también formaba parte: “Querido Jaimito tus compañeros de ayer y de hoy te decimos: ¡Hasta la victoria siempre!”. Sobre el trabajo gremial en la JTP, en el contexto de un encuentro nacional de Historia Oral en el 2006 y preguntado por algunos intelectuales, por la influencia de Montoneros en la misma, Benencio, aclaró: “Hay una subestimación hacia nosotros los laburantes que se da seguido. Cuando me invitan a hablar, siempre me dicen: ‘Bueno, pero ustedes fueron, digamos, coptados por los Montoneros y después a partir de ahí ellos hicieron lo que quisieron’. Y yo les cuento que jamás me sentí así. En el caso nuestro no pasó nada de eso. ¿Por qué? Primero porque como les decía recién yo aprendí también a pensar, no mucho, un poquito, y eso me posibilitó poder discernir que era bueno y que era malo para mí. Lo que pasó concretamente con Montoneros (…) Nosotros duramos tanto y tuvimos tanta fuerza y pudimos hacer lo que hicimos, no porque éramos valientes, sino porque también había un respeto hacia nosotros, un miedo hacia nosotros, porque si a nosotros nos pasaba algo, intervenía la organización en defensa nuestra. Y lo segundo, que es lo central para mí, es que nosotros cuando se acerca la JTP y empezamos a transitar juntos el camino, nada fue fácil, fue una discusión muy grande (…) Pero los que sabíamos que había que hacer dentro de la fábrica eramos nosotros. Digo: ¡no nos subestimen tanto!”.