militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BALUT, José Nallí.

 

 

“En abril de 1956 al aparecer el decreto 4161, el juez federal de entonces (Dr. Vázquez Cuesta), llama a todos los empleados a firmar una adhesión a la ‘Revolución Libertadora’ y en repudio al régimen depuesto. Cuando me toca a mí me niego. Yo era soltero y sin obligaciones. Entonces directamente me pide la renuncia. Me sigo negando. Me amenaza con ser exonerado. Le manifiesto que la exoneración sería muy corta, porque con la vuelta de un gobierno democrático voy a solicitar la reincorporación porque yo no había violado ninguna ley. Entonces Vázquez Cuesta me pregunta si era peronista. Le contesto que no podía decírselo porque había un decreto que prohibía nombrar al presidente depuesto y sus símbolos y nombres. ¿Y si no fuese prohibido?, me pregunta. Entonces le diría que sí, que lo soy. Me dice que me mande a mudar. Le digo a dónde: ¿a la calle?, ¿a la oficina? A la oficina por el momento, me dice. Pasan los días, solicito mi licencia por descanso anual y me dedico a buscar trabajo. Cuando consigo trabajo justo me llega la cesantía. Libre del Juzgado me dedico plenamente a realizar junto a mis nuevas tareas que me permiten ganarme la vida, las tareas de la Resistencia Peronista”. Como este joven en Catamarca, miles más en todo el país comenzaron a luchar por la vuelta de Perón. “Todo lo que queda después del golpe en la capital de mi provincia son –somos- catorce muchachos dispuestos a seguir luchando. Fabricamos rudimentarios mimeógrafos, tiramos panfletos de tirada reducida…”. El nuevo trabajo de Balut –ya cesanteado de la justicia provincial- es como viajante para distintas empresas comerciales en Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero. A través de esta actividad –sin saberlo le pagaban también por militar- se contactó con peronistas varios y distribuyó las instrucciones del Comando Táctico Peronista enviadas desde Chile a través de Tucumán. En el país trasandino se entrevistó con John W. Cooke y por su sugerencia –conocedor del terreno- decidieron que Catamarca quedara como zona de refugio y abastecimiento para una futura guerrilla peronista. Balut afirma que muchas de las bombas colocadas en Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y Santa Fe se hicieron con explosivos expropiados por obreros del dique “Las Pirquitas” que por aquellos momentos se encontraba en pleno proceso de construcción en un departamento del interior de Catamarca. Precisamente cuando ese dique fue inaugurado, Isaac Francisco Rojas, vicepresidente del gobierno de facto antiperonista, llegó a la provincia para tal fin, asegurando que “el ominoso régimen ya nunca volverá”. Anticipando su llegada, Balut y otros compañeros de la Resistencia Peronista, cubrieron con leyendas alusivas las paredes de San Fernando del Valle, haciendo referencia a la poca honorabilidad de la madre del almirante y poniendo en duda la afirmación gorila de éste, con respecto al fin del peronismo. Poco tiempo después estos mismos compañeros –siempre Balut entre ellos- fueron conocidos en la militancia partidaria y en el ámbito político local como “Los Aviones Negros” una denominación que portaban con orgullo ya que eran ellos quienes iban a traer a Perón de regreso a la Patria, en ese famoso y mitológico avión negro. Otra de sus actividades comprobadas fue proveer de gelinita y otros explosivos a los Uturuncos, como se sabe, la primera guerrilla peronista de origen rural en Argentina. Balut, también como secretario de organización adjunto de una primogénita Juventud Peronista, organizó en junio de 1958 la “Marcha de Antorchas” provincial, en recordación de los caídos durante el levantamiento cívico-militar de los generales Valle y Tanco dos años antes; y el 17 de octubre del mismo año, un festejo peronista en la Plaza de la Estación. Todas las citas que amenizan esta semblanza de José Nallí Balut están sacadas del libro “1955-1958. Los aviones negros catamarqueños” cuyo autor, Jorge Alberto Perea tuvo la gentileza de obsequiarme dedicado, en enero de 2013.