militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BONAPARTE, Laura.

 

Según el relato de su hijo Luis Bruschtein (periodista del matutino porteño “Página 12”), su tatarabuelo materno, Enrique Martínez, vino de Uruguay a Buenos Aires, con el hermano de Juan José Artigas, militar y estadista uruguayo, cuando tenía 16 años, para defender a Argentina de las invasiones inglesas, hasta que pasó luego al Ejército de Los Andes del general José de San Martín. Por el lado de su padre, Bonaparte, su tatarabuelo fue un ingeniero que hacía pozos de agua, además de ser oficial de un ejército montonero en Entre Ríos que se opuso a la guerra contra Paraguay.​ ​Laura nació un 3 de marzo de 1925 en Paraná, Entre Ríos, en el seno de una familia acomodada económicamente y del Poder Judicial ya que su padre Guillermo –socialista y ateo- era miembro del Superior Tribunal de Justicia entrerriano. De muy jovencita, quinceañera, comienza a militar en el Partido Comunista (PC). La actitud de éste, ante la venida del peronismo en 1945 la hace reflexionar y termina rompiendo con la izquierda internacional vernácula. Se viene a vivir a Buenos Aires. Diez años más tarde con la “Fusiladora”, la Resistencia Peronista crece exponencialmente: los barrios y las fábricas son fortines inexpugnables para los “gorilas”. En ese contexto, Laura se va peronizando y de la mano del “Negro” Raimundo Villaflor (ver su registro) asume su militancia en el Peronismo de Base (PB) y las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), en tanto trabaja en un Hospital del conurbano bonaerense, en Lanús, a partir de 1966. Recuerda: “Ahí atendía a pibes que venían de las villas, de las barriadas pobres. Constantemente veía como enfermedades que eran curables, mataban chicos todos los años. Para mí fue un choque muy fuerte. No podía entender como el ser humano había llegado a tal nivel de degradación, destruyendo a su propio prójimo, a su propio hermano...”. Ya recibida de Psicoanalista, aporta sus conocimientos y experiencia para ayudar en el tratamiento de centenares de compañeros con huellas indelebles producto de su encierro carcelario o de torturas padecidas, en la larga lucha contra las dictaduras cívico-militares de turno. Laura, con entusiasmo se suma al “Luche y Vuelve” de 1972 y las elecciones del 11 de marzo de 1973. Como miles de compañeros ve frustrados sus sueños de liberación nacional por la muerte de Perón y el sesgo derechista que va adquiriendo ese gobierno que traiciona el mandato dado por el pueblo. La Triple A comienza su faena conocida, que es luego perfeccionada por las FF.AA., a partir del 24 de marzo de 1976. Se exilia en México. Allí vive 9 años y ni un solo minuto deja de denunciar en el ámbito de los derechos humanos las tropelías de la Junta Militar. Cuando vuelve a la Argentina se suma a la lucha de las Madres de Plaza de Mayo para saber la suerte de sus tres hijos desaparecidos, 2 yernos, una nuera y el propio padre de sus hijos, para reclamar siempre memoria, verdad y justicia. En este contexto fue una de las precursoras de la campaña internacional para que se declarara como delito de lesa humanidad a la desaparición forzada de personas y oportunamente interpuso un recurso judicial para impedir que se “privatizara” el predio de la Ex ESMA en los años ’90. Pese a todos los sinsabores no exentos de tragedia que vivió esta noble mujer, siempre fue un placer escucharla y palpar su optimismo a flor de piel, creyendo en un futuro mejor para todos nosotros. Lamentablemente falleció el 23 de junio de 2013. Quien quiera ahondar en su vida y en sus principios, deberá recurrir al libro de la periodista francesa Claude Mary, titulado “Laura Bonaparte. Una Madre de Plaza de Mayo contra el olvido”.