militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BARRY, Juan Alejandro

 

“Jon Alec”. “Sopita” para sus queridos. Nacido un 26 de mayo de 1947 en Capital Federal. Venía de las FAR. Responsable de la Regional Litoral de Montoneros. Luego de la muerte de su compañero Arrué (Ver su registro) se hace cargo de la Secretaría Política en la Organización. Miembro de la Conducción Nacional Montonera. El 15 de diciembre de 1977 fue perseguido por la Interbalnearia uruguaya cuando iba en su camioneta Mehari en la que viajaba con el ex diputado peronista Jaime Dri. Dos vehículos con militares uruguayos y argentinos le cortaron el paso y lo chocaron. El Mehari volcó sobre la cuneta. Ambos intentaron escapar. Barry murió en el intento acribillado a tiros y Dri fue herido en una pierna y capturado.  La compañera de Juan Alejandro, Susana “Susy” Mata, se tomó la pastilla de cianuro, al caer en una “ratonera” de una casa de Lagomar en las cercanías de Montevideo.  Fueron enterrados como N.N. en el cementerio de Montevideo, donde alguien siempre se preocupaba por dejar flores frescas. La hija de “Sopita” y “Susy” de nombre Alejandrina y con 3 años de edad va a vivir con sus abuelos paternos. Ya adolescente cuando sabe que ocurrió con sus padres, el abuelo (antiperonista acérrimo) intenta darle un libro para que lea “sobre la subversión” escrito por los militares. Ella no lo acepta y reivindica la gesta de su progenitores, porque como dijo alguien “estaban convencidos de que tenían la oportunidad de influir en un sistema que era impuesto y la lucha por la justicia significaba enfrentarse al concentrador de los mecanismos de poder”. Un obituario de “Pagina 12” en el 2003, los recuerda así: “Hoy más que nunca su lucha y sus ideales por una Patria Justa, Libre y Soberana están vigentes. Juicio y castigo a los culpables”. La antes mencionada Alejandrina Barry Mata en septiembre de 2010, comenzó una acción penal contra las revistas que estaban aliadas a la dictadura militar: “Gente”, “Somos” y “Para Ti”  que engañaban a sus lectores, presentándola a ella como una nenita abandonada por sus “inhumanos padres guerrilleros”.