militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BELLONI, Alberto

 

Santafesino, nació en Pérez, el 22 de marzo de 1931 en un hogar de inmigrantes campesinos italianos. Sus estudios los corona, especializándose en la mecánica de grandes motores Diesel. Encuentra trabajo en Rosario, en los astilleros del puerto trabajando en el dique flotante. El “Colorado” Quagliaro –otro dirigente gremial- recuerda siempre que para entrar a su casa  (sita en la bajada Sargento Cabral) había que pasar gambeteando libros que estaban por el suelo, en la escalera, por todos lados.  Dirigente nacional de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) participó en las luchas sindicales de su época signadas por la Resistencia Peronista a la dictadura militar de Aramburu y Rojas, siendo además integrante de las “62 Organizaciones Peronistas” de Rosario. Se autodefinía como un ‘obrero ilustrado’. Fue uno de los fundadores del grupo de intelectuales que bajo el nombre de “Cóndor” trajo a la reflexión y discusión la importancia del nacionalismo popular de izquierda en la Argentina. Desde ese punto de vista escribe el libro “Del Anarquismo al Peronismo. Historia del Movimiento Obrero Argentino” editado en 1960. Dos años más tarde secuestran su edición de otro: “Peronismo y Socialismo Nacional”. Fue parte activa de las luchas gremiales contra las prácticas burocráticas del “vandorismo” y se sumó con entusiasmo y decisión a la CGT de los Argentinos de Ongaro y Tosco. En 1973, en una Facultad de La Plata, fue profesor de “Cuestiones Socioeconómicas Argentinas” los viernes por la noche, maravillosa excusa para que luego de las clases, se juntara con algunos de sus alumnos en un bar de la zona llamado “Estaño Don Felipe” –cerveza y picada de por medio- para desgranar anécdotas, lucha obrera, convicción ideológica y perfil de mujeres varias. Alberto era un gran conversador y enseñaba así a los muchachos a pensar el país en clave nacional y socialista. El 1° de julio de 1975 su domicilio es allanado por la Triple A que lo busca para asesinarlo; salva su vida de forma casi milagrosa y parte al exilio con su fiel esposa y compañera la antropóloga Estela Weisberg.  Desde Francia se suma a la lucha contra la dictadura militar videlista haciendo conocer la represión que se ejerce sobre gran parte del pueblo argentino. Luego de una cruel enfermedad que lo tenía recluido en un hospital de París, falleció el 21 de agosto de 2005. Como bien dice su amigo Carlos Berman “la distancia nunca pudo apagar sus ímpetus socialistas, libertarios y humanistas, ni su profunda entrega a la causa de la emancipación social”.