militantes del peronismo revolucionario uno por uno

BENAVÍDEZ, Daniel Albino

“Peluca”. “Casildo”. Nacido el 22 de enero de 1948 en Morteros, provincia de Córdoba. Fue parte de la primera promoción de Peritos Mercantiles del colegio comercial de dicha localidad cordobesa. Estudiante excelente, dueño de las mejores notas, abanderado, pero también contestatario, rebelde, difícil de convencer sin argumentos válidos. En 1966 ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas santafecina dependiente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Casado con Elena Ferrigutti tuvieron dos hijas: Paula y Mariana. En 1975 se separan y él, vuelve a conformar pareja con Julia Soledad Buffa; tendrán una beba que llamarán Soledad. Delegado gremial del sindicato de Luz y Fuerza en la Empresa Provincial de Energía de Santa Fe. Militante de Juventud Trabajadora Peronista (JTP)  y Montoneros, donde es conocido como “Casildo”. Los gerentes de la empresa estatal proporcionaron a los represores la lista de los delegados gremiales. Perseguido y luego de sobrevivir a un secuestro fallido en enero de 1976, pasó a la clandestinidad. Ese mismo año, militares y paramilitares ingresan a la vivienda que ellos ocupaban en San Nicolás, provincia de Buenos Aires. La pareja consigue huir por los fondos; la beba queda con unos vecinos y luego es recuperada por sus abuelos paternos. Más adelante, el 12 de octubre de 1976, en otro operativo en Villa Constitución, Santa Fe, cae muerta Julia Soledad y Daniel, herido, una vez más logra escapar. En la misma acción es detenida, gravemente herida, Liliana Riveros de Vedia (ver su registro). Benavídes sigue un combate desigual contra la dictadura militar. Fue secuestrado-desaparecido en octubre de 1977, a la edad de 29 años, presumiblemente en La Plata. Una de sus hijas, Paula, le escribió: “¿Cómo te hablo desde esta ausencia tan larga? Hace 27 años que no estamos juntos. Ahora tengo tus mismos ojos, pero me falta tu mirada. Hubiera deseado compartir con vos tus discos de los Beatles, la poesía de Machado, interminables charlas con mates e incluso alguna rabieta, las cuitas del primer amor... ¡Cuánta falta me hiciste!”