militantes del peronismo revolucionario uno por uno

ERNST, Guillermo José

 

“Miliki”.  “Fernando”. 29 años. Nació el 18 de mayo de 1947 en Buenos Aires. Durante años fue asistente de dirección de teatro universitario. En 1975 fue pareja de Sara Ernesta Zermoglio (ver su registro), viviendo juntos en la casa de la madre de ella. Su militancia había comenzado en su época de estudiante en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) en tanto cursaba sus estudios de odontología y psicología. Empezó a militar, primero en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y luego en Montoneros. El Ejército dio cuenta en un comunicado, que el 17 de agosto de 1976 fue muerto en un enfrentamiento, aunque no hay mayores detalles al respecto y se puede pensar en un nuevo embuste de los uniformados. El 7 de julio de 2011, familiares y compañeros lo despidieron en un emotivo acto en el teatro Alberdi de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Allí se colgaron varias fotografías en el hall del mismo y en el centro de la sala, su retrato con la medalla de Montoneros que el militante del MIR boliviano, compañero Pasamoro, entregó a sus familiares que vivían en Bolivia. Además se dispuso de un altar con la bandera de la organización armada y la estrella federal. Los restos de “Miliki” habían sido encontrados dos años antes en el Cementerio del Norte debido a la meritoria labor del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). “Solidario y con una gran formación ideológica era un cuadro muy importante de Montoneros que participó de su organización” aseveró Oscar Holmquist, compañero de militancia. Su hermana Yolanda lo recordó así: “Nació en Buenos Aires, nuestra familia era de Bolivia pero por razones políticas nos habíamos trasladado a Buenos Aires. Aprendí a ser madre con él”; era su hermanito menor. Y agregó: “Siempre fue un chico entregado a los pobres”. Por último, su nieta Gaby de 17 años expresó que “todos los que estamos aquí somos hermanos, compañeros, nos unen ideales. La lucha sigue”. Luego del acto homenaje, varias personas se dirigieron al “Bosque de la Memoria” en el Cerro San Javier donde se plantó un árbol y se depositó parte de sus cenizas.