militantes del peronismo revolucionario uno por uno

ESPONDA, CARLOS 1

ESPONDA, Carlos Enrique

 

Nacido en General Roca, provincia de Río Negro, el 6 de septiembre de 1952. Joven inquieto y reflexivo; a los 14 años ganó un concurso nacional cuya temática se centraba en la defensa de la paz. Ex estudiante de Ciencias Económicas. Militante de Juventud Peronista en La Plata y montonero (nombre de guerra Jorge). Con anterioridad había militado en “Descamisados” hasta la fusión de esta pequeña organización peronista revolucionaria con Montoneros. Los degenerados de sus compañeros y amigos de ámbito, lo llamaban “El Sátiro” por su forma de reírse. Anteojos tipo John Lennon, pelo rojizo, bigotes al estilo “candado” o “manubrio” poblados. Se caracterizaba por analizar las cosas desde un punto de vista filosófico e ideológico que acercaba así una nueva interpretación al fenómeno. Su compañero de militancia Jorge Pastor Asuaje lo recuerda: “A esa altura ya había leído lo suficiente como para saber que la economía no es sólo una cuestión de números y leyes, sino también un asunto de voluntades y afectos. Y así como otros empezaban a decidir que de todos sus amores ningún cariño superaría su pasión por el dinero, él también decidía hacerle caso a ese corazón que le decía que lo importante era encontrar la manera más justa de repartirlo. Pero sabía también que ese reparto no se resolvía mediante la demostración científica de las teorías económicas en los claustros académicos, ni escribiendo profundos tratados sobre la administración de las riquezas. Sabía que esas cosas se resolvían en las oficinas de las grandes multinacionales y en los piquetes que garantizaban la efectividad de las huelgas; en los despachos de los funcionarios gubernamentales y en las casas más humildes de los barrios suburbanos. Él eligió uno de esos bandos y allí lo conocí yo, algún día de verano, hace ya más de veinte años, con una pinta de intelectual desclasado que no podían disimular ni los vaqueros gastados ni la modesta campera de plástico (...) Y lo seguí conociendo, ya no hablando de teorías en las reuniones de ámbito, sino pegando ladrillos en las paredes para construir una salita para los chicos del barrio. Y lo conocí compartiendo un asado con los vagos más vagos y con los laburantes más laburantes que había en su barrio adoptivo. Para mí, simplemente era Jorge, o más bien El Sátiro. Como lo fue la mañana en que la orden de proletarización inmediata nos sorprendió marcando una tarjeta en la fábrica, poniéndonos un casco y llenándonos de ampollas las manos. Comprendiendo al cabo de 9 horas en la fábrica lo que a veces cuesta años de aprender en los libros. En unos pocos meses como obreros industriales entendimos para siempre lo que significaba la palabra plusvalía; la entendimos con el lomo y con el cansancio de los brazos, y supimos de qué hablábamos realmente cuando pronunciábamos la palabra explotados”. Carlos Enrique Esponda: “Jorge”, “El Sátiro”, “Manzanita”, “Cócaro”, fue secuestrado-desaparecido el 29 de junio de 1977 del departamento que alquilaba en La Plata (Calle 65 Nº 1331). Lo recuerdan siempre con inmenso cariño, sus padres, su compañera María Esther Berrens y sus dos hijas Natalia y Alejandra. Y a 40 años de su “desaparición” (29-6-2017) en “Página 12” puede leerse al lado de su fotografía: “Estás más presente que nunca en todas las luchas que emprendemos por la justicia, en contra del negacionismo y la impunidad, y por la justicia social para todo el pueblo argentino. Estás presente, ahora y siempre, junto a los 30.000”.