militantes del peronismo revolucionario uno por uno

EVEQUOZ, Manuel Hugo

 

“Manuel Ugarte” era un seudónimo que usaba con regularidad. Perteneciente a una familia de clase media alta (golf, mucamas, casa de fin de semana en el Tigre donde se reveló como un entusiasta equilibrista del mono-esquí, casa para veranear en Mar del Plata,), hizo su primaria en el High School de Belgrano y la secundaria en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Trabajó en agencias publicitarias. Hizo poesía. Alejandro Dolina cuenta que el “Manuel Mandeb” de las “Crónicas del Ángel gris” está inspirado en Evequoz. Ellos dos eran muy amigos: compinches de la oficina, del bar, de las salidas nocturnas y las vacaciones. Juntos escribieron cuentos, canciones, obras de teatro y hasta una operita. Evequoz, a la edad de 32 años, un 10 de octubre de 1976, fue secuestrado y desaparecido, en la estación Ramos Mejía del FF.CC. Sarmiento. Era abogado de presos políticos (defendió por ejemplo al sobreviviente de la matanza de Trelew, Miguel Camps). Militante del peronismo montonero llevó adelante su compromiso, como responsable de prensa en la Zona Oeste, pero con anterioridad lo hizo en la Villa de Emergencia del Bajo Flores junto a Carlos Tomada; ambos eran abogados recién recibidos y montaron un consultorio jurídico para ayudar a la gente. Fiel a su principios e ideales de justicia, cuando Juan Carlos Dante Gullo, referente indiscutido de la Regional I de Juventud Peronista, fue detenido en abril de 1975, su mujer de entonces, Chela (Graciela Dora Ojeda) conjuntamente con Manuel hicieron la denuncia sobre torturas y apremios ilegales y en junio de ese mismo año fue dada por probada tal denuncia. Recuerda Chela: “La radicamos en el juzgado de San Martín y Manuel fue mi abogado querellante. Al salir del juzgado nos las vimos negras, pero igual zafamos…”. Tipo vital y jugado, Evequoz, se quedó después del golpe. Por sus contactos y su condición social, podría rápidamente haber puesto distancia con la dictadura militar, pero estaba convencido de que su lugar de lucha estaba acá, con sus compañeros y que irse era traicionar. Su hermana, Evita Evequoz, en el año 2009, armó un libro con fragmentos, testimonios, lecturas y recuerdos, al que puso por título “Partes de Manuel”. Su hija (sobrina de Manuel), Agustina James, con un ejemplo puntual, define a esa parasitaria clase media acomodada que pulula por los countries y barrios privados: “En la sociedad tradicional y conservadora donde nosotros crecimos, era peor tener padres separados que un padre militar y asesino. El padre de mi mejor amiga era el secretario de Videla. Y el papá de mi otra amiga era vicealmirante y manejaba un centro clandestino en Trelew. Todos muy católicos. Era muy común encontrárselos en la catedral de San Isidro los domingos”.