militantes del peronismo revolucionario uno por uno

EDER, Rodolfo Mario.

 

Nació el 15 de diciembre de 1955. Natural de Ameghino, provincia de Buenos Aires. La primaria la hizo en la Escuela N° 4 de esa localidad (actual N° 1) y la secundaria en la Escuela Media. Estudiante de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires. Militante del peronismo montonero. Estaba cumpliendo con el servicio militar obligatorio en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral estando a cargo de la misma el coronel N.J. Chiappari cuando sucedieron los hechos. El “Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas-CONADEP” lo da por secuestrado el 5 de agosto de 1976 cuando se lo llevan de su domicilio donde vivía con un amigo, en avenida Cabildo 957, piso 6° departamento “C” de Capital Federal. Pero en rigor a la verdad al que se llevan es a su amigo por equivocación y la fecha del secuestro según el libro “El Escuadrón Perdido” de José Luis D’Andrea Mohr, fue el 1° de agosto. Eder que vuelve de la localidad de Ameghino, luego de una breve licencia en que fue a ver a sus padres, al saber de los hechos; pone distancia de sus potenciales captores y no se presenta en el cuartel pasando a revistar como desertor. A los cuatro días otra patota militar va a la casa de sus progenitores –en Ameghino- buscándolo sin suerte y rompe y roba lo que se le antoja en dicho hogar. En octubre, para el Día de la Madre, clandestinamente, Eder se ve con sus padres pero sigue sin entregarse pese a los ruegos de estos, que pasado dos días de ese encuentro furtivo, ven como su casa nuevamente es allanada por los esbirros del régimen y son amenazados por ellos. A fines de 1976 en un tren que iba de Moreno a Once, Rodolfo entregó a un amigo unas líneas escritas para sus padres con motivo de las fiestas de fin de año. Está decidido a seguir la lucha contra la dictadura cívico-militar en pos de lograr un país socialmente justo. Fue lo último que supieron de su hijo. Quienes lo conocieron resaltan la presencia de un joven idealista y sensible que fue destacado bailarín de la “Escuela de Marcelo Dechía”, y que gustaba de la música y la pintura.