militantes del peronismo revolucionario uno por uno

IBARRA, Ricardo.

Para muchos era “El Negro”; para otros, “Dulce de Leche”, tal era la debilidad que mostraba por este típico producto gastronómico nuestro. Todos lo recuerdan como un muchacho común que como tantos otros se metió en la Resistencia Peronista, para que el “Pocho”, Juan Domingo Perón, volviera a gobernar la Argentina. Estaba en la Juventud Revolucionaria Peronista (JRP). A Ibarra no había que pedirle mucha teoría política, él se destacaba porque con voluntad hacía de todo un poco: poner caños, hacer pintadas, apretar a algún cana y hasta abrigar a sus connacionales caídos en desgracia. Una vez se fue a ver a un “ruso” del barrio del Once, un mayorista, y le hizo el chamuyo de que tenía que comprar no se que cantidad de frazadas, pidió calidad, precio, descuento, etc. y llegó a un acuerdo. Volvió al otro día con un coche que se había conseguido y lo hizo llenar de frazadas hasta el techo por los empleados del dueño de la tienda en tanto él, le daba charla y hablaba con este de todo un poco, hasta de la inmortalidad del cangrejo. Una vez lleno el vehículo, fueron los dos a la calle y “Dulce de Leche” se metió en el mismo con la excusa de buscar el dinero que tenía en un portafolio en el asiento de atrás, ahora tapado por las frazadas. Con una mano hizo como que buscaba entre las frazadas, mientras que con la otra puso en marcha el coche, metió primera y arrancó. Con un chirrido de aquellos, el auto pegó un salto y salió en dirección hacia la avenida Corrientes. Ricardo se reía y sacando la mano izquierda por la ventanilla le hacía los cuernitos al dueño, que corría desesperado detrás del automóvil gritando que lo habían robado. A modo de explicación, mientras daba vueltas por una villa de emergencia repartiendo las frazadas, Ricardo le dijo a un circunstancial acompañante que lo ayudaba en la noble tarea: “¿Sabés lo que pasa? Ya se viene el invierno y aquí hace un frío de la gran puta y los compañeros si compran mantas, no morfan”. Ricardo Ibarra falleció, luego de un accidente automovilístico en una ruta cordobesa, en un hospital de la misma provincia, el 24 de noviembre de 1964 a las 8 de la mañana. Era soltero y tenía en esos momentos 23 años de edad. En el diario resistente “Compañero”, con motivo de su deceso lo despiden de este modo: “Hacía varios meses que era insistentemente buscado por la policía de todo el país, pero decenas de hogares peronistas levantaron una muralla contra el  odio represivo de los mercenarios. Ricardo Ibarra era perseguido porque el régimen no perdona a quienes encabezan la lucha contra la explotación y el despotismo. Y el régimen sabía que Ricardo Ibarra era de una sola pieza; es que él representaba la decisión de un pueblo de luchar hasta el fin por su destino. Un accidente lo paró, lo detuvo. Pero él, desde el fondo de la tierra, desde cada mano encallecida por el trabajo y el fusil, seguirá. Seguirá hasta que la Patria sea libre. El mejor testimonio, el mejor homenaje, es el hondo pesar de los nuevos, de los que recién descubren esta Patria vendida y traicionada, de los que ya no se desviarán de la ruta elegida, de los que son depositarios de su sacrificio. Cada uno de nosotros llevará un poco de su coraje metido en la mochila”.