militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MATABONI, Rubén Ramón.

Tenía 10 hijos. Militó como delegado gremial en defensa de su compañeros de trabajo de Molinos Río de la Plata, en la planta que Bunge & Born tiene en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Pasó por la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y el Bloque Gremial del Peronismo Auténtico. También trabajó con Paco Urondo, asitiéndolo en el diario “Noticias”. Secuestrado-desaparecido a la edad de 34 años, el 3 de diciembre de 1976 en Barrio Norte; un departamento en Recoleta cerca de French y Avenida Pueyrredón que estaba pintando como changa ya que estaba clandestino y buscado. Militante montonero. Integrante de la Regional Sur de la CGTR. Cuentan que aquel día Mataboni que no estaba en el departamento ya que había ido a una cita, al volver y ver todo sitiado por los militares, los que tenían un hijo suyo de 15 años como rehén, comenzó a tratar de abrirse camino en tanto le disparaban y él también disparaba corriendo en zig-zag para luego parapetarse detrás de un árbol; los milicos subieron un auto a la vereda y atropellaron contra el árbol; no se sabe si él se pegó un tiro o bien estaba herido y lo remataron, la seguro es que cargaron su cuerpo inerme en el baúl y se lo llevaron.  Un compañero de trabajo, Guido Florente Almaraz, lo recuerda de este modo: “Y estaba Rubén Mataboni, al que apodaban Verdura que también la peleaba fuerte. Nosotros en la fábrica lo conocíamos por Ratón”. Ernesto Ceferino Mataboni –uno de sus hijos- también tiene algo que contar a este relato: “Yo había renunciado a mi trabajo en una panadería y Alberto mi padrino, estaba en uan agrupación en Quilmes, con muchos compañeros de antes que habían conocido a mi viejo. Me presenté ahí y les dije que no hacía nada, que no militaba, pero que estaba necesitado y que me dieran una mano, que era el hijo de ‘Verdura’, como lo llamaban a mi papá; estaban en una reunión, se pararon todos y aplaudieron y me abrazaron. Rompí en llanto; estaba con mi nena que ya tenía un año. Ahí comencé a armar mi historia. Primero arranqué con lo personal y después me empecé a meter, a sumarme, a militar en Hijos de Avellaneda”. Y agrega: “Mi vieja, Nélida, no militaba y mis hermanos mayores cuentan que cuando veía llegar a su casa a todos los compañeros de militancia de mi padre, bufaba y decía, como para que la escuchen: ‘Ufa, estos montoneros de mierda…’ pero después terminaba cocinándoles a todos, tallarines, ñoquis, empanadas y ellos que la apreciaban le reconocían como ‘La Gorda de Verdura’ (…) Mi mamá me contaba que papá a las nueve de la noche siempre estaba en casa porque a esa hora se comía y hasta el día de hoy seguimos comiendo a las nueve de la noche”. Una compañera sobreviviente del genocidio, Beatriz Villar, escribió un poema en honor a Rubén Mataboni que se titula “Él vive y aquí se queda” y donde en una de sus estrofas se dice: “Mataboni Compañero, por siempre estarás presente, caminás entre la gente, mi valiente Montonero”.