militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MÉNDEZ, Raúl Antonio.

“Habano” le decían los compañeros de fútbol, porque era medio petiso y fornido. Nació en Santa Lucía, Corrientes, el 12 de mayo de 1951. Tuvo cinco hermanos. Su papá era ferroviario y había militado en la Resistencia Peronista. Su tío fue Junilio Méndez, asesinado por los sicarios de “La Forestal”. Chico inquieto, siempre participaba de los actos en la escuela, le gustaba jugar al fútbol y leer. Era el único hincha de Ríver en una familia de boquenses. Durante la secundaria ya se perfiló como un líder natural. Sumó su compromiso político a la suerte del peronismo revolucionario y militó en las Ligas Agrarias, concurriendo a sus marchas y redactando e imprimiendo sus volantes y proclamas a mimeógrafo. Se recibió de maestro y fue a enseñar a las estancias de la zona, donde no duraba mucho porque lo rebelaba la injusticia y la explotación de los peones rurales. Estudió Medicina en la Universidad Nacional del Nordeste. Allì se sumó a las huestes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Para costearse la carrera aprendió a poner inyecciones y a tomar la presión. Si bien le gustaba Sui Generis se sentía chamamecero al mango. En 1975, propició la creación del Partido Peronista Auténtico en Santa Lucía, Corrientes. Militó en Montoneros. Fue detenido 8 de noviembre de 1976 en Corrientes Capital, de la casa sita en Paraguay 886 (y Junín). El 9 se lo vió en la Brigada de Investigaciones de Resistencia; también permaneció detenido en el Regimiento de Infantería 9 de Corrientes y luego fue trasladado a la Alcaldía. Por otro lado, uniformados allanaron la casa de sus padres en Santa Lucía al mando del Comisario Inspector Héctor Martínez (matón, ex boxeador, alias “pibe de Oro”, custodio del oligarca correntino Julio Romero; un derrame cerebral se lo llevó en el 2003), acompañado del Teniente de Ejército Perciavalle, del Regimiento Nº 7 de Ingenieros, de la ciudad de Goya. Un testigo y sobreviviente a la cárcel: Víctor Fermín Giménez, dijo ver a Méndez, colgado de un caño horizontal y que “como era muy testarudo y no confesaba nada, le reventaron los testículos”. En diciembre de 1976 su familia recibió un llamado telefónico: una persona que no se identificó afirmó que Raúl había sido asesinado en la Masacre de Margarita Belén. Una anécdota imperdible que demuestra su compromiso político, contada por su hermano Evar Méndez: “En 1975 hubo una reunión abierta de empresarios, organizada creo por la Cámara de Comercio de Goya, en un momento habló alguien del Partido Justicialista y dijo algo así como que el peronismo era el que iba a defender a los pobres. Raúl, desde su lugar, se plantó y dijo que el Peronismo tiene que ser revolucionario, no tiene que haber pobres, no va a haber pobres, asì que ¿a quiénes van a defender? Con eso tenemos que terminar para siempre”.