militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MENDIBURU ELIÇABE, Daniel Eduardo.

“Conejo”. En la Plata, esa finca de la calle 30, mostraba la fachada de un negocio de fabricación y venta de conservas cuya especialidad era el conejo en escabeche, del que inclusive proveían a los hoteles lujosos de Bariloche. Pero en realidad, era la cobertura legal de la imprenta montonera más importante de la ciudad, la que aprovisionaba a toda la regional. Hacia allí convergieron grupos operativos del Ejército al mando del general Ramón Camps, el 24 de noviembre de 1976. Toda la ciudad estuvo pendiente de ese ataque con armas pesadas. Sus moradores no se rindieron y pelearon hasta la muerte, que llegó cuando los atacantes para vencer la denodada resistencia que encontraron, debieron tirar hasta una bomba de fósforo. Adentro estaban: Diana Teruggi de Mariani y su beba Clara Anahí, Roberto Porfidio, Alberto Bossio, Juan Carlos Peiris y Daniel, a quién le decían “Gulliver” por su altura y contextura física. De 25 años de edad (nacido en La Plata el 23 de septiembre de 1951), estaba casado con Felicitas De Livano, embarazada de 5 meses al momento de su deceso. Estudiante de Arquitectura, trabajaba como empleado en el Ministerio de Economía Provincial y había sido jugador de rugby en el equipo de Los Tilos; deporte que dejó por considerarlo una actividad de élite. El homenaje a su persona viene en la prosa de Jorge Pastor Asuaje, elaborada su libro “Por algo habrá sido”: “Yo tenía mis prejuicios respecto a Gulliver. A pesar de que era muy amigo de Dina, su aspecto de pequeño burgués canchero, de típico platense del centro, me producía como cierta aprensión, cierto rechazo que me venía desde los tiempos del Nacional y quizás de antes también; pero su comportamiento ese día me demostró hasta que punto las apariencias son relativas. Me demostró que las convicciones revolucionarias más fuertes pueden esconderse a veces bajo un manto de aparente frivolidad. Que pasó adentro de la casa, es algo que nunca se supo ni nunca se sabrá; sólo ellos supieron lo que sintieron cuando se dieron cuenta de que estaban rodeados, de que no tenían ninguna posibilidad de escapatoria, que a lo único a que podían aspirar era a una muerte digna. Y la consiguieron. A balazo limpio, hasta que no quedó ninguno en pie para poder seguir tirando. Para doblegarlos tuvieron que tirarles con una tanqueta, habían rodeado toda la manzana con decenas de policías y soldados; les tiraban desde las azoteas de las casas de enfrente y de los costados”. Así fue como Daniel Mendiburu Eliçabe –oficial Montonero-, perdió la vida pero –paradojicamente- ganó la inmortalidad. Su madre, Esther Moler es tía –la Tía Ñata- de Emilce Moler, la jovencita por aquel entonces de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), sobreviviente de “la Noche de los Lápices”, ocurrida el 16 de septiembre de 1976.