militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MIGNONE, Mónica María Candelaria.

Psicopedagoga egresada de la Universidad del Salvador. Docente en la Universidad Nacional de Luján. Concurrente en el Servicio de Psicopedagogía del Hospital Piñeyro de la Municipalidad de Buenos Aires. Asistía a niños y jóvenes con problemas de aprendizaje. Nacida un 14 de febrero de 1952. Militante peronista y catequista cristiana, ligada a Montoneros, en el Barrio Belén, ubicado en la villa de emergencia del Bajo Flores. Secuestrada-desaparecida de su casa de Avenida Santa Fe N° 2949, piso 3°, dto. “A”, en la madrugada del 14 de mayo de 1976. Fue vista en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) antes de su asesinato. Su padre, ex Viceministro de Educación del gobierno de facto del dictador Lanusse, movió cielo y tierra sin suerte para recuperarla con vida. Sobre su experiencia en la villa, escribió Mónica: “La cana aparece seguido. Un día me asusté. Ese día la cana pasó por Belén, pero pasó de largo. Pregunté a donde iban. Oscar me explicó que venían al almacén para manguear mercadería. Dicen que siempre ha sido así. Si el almacenero se niega lo hacen pasar por quinielero. Tantas cosas pasan por el estilo... Pero el villero está destinado al silencio. La ley no lo ampara. Sólo ampara al rico”. Sobre Mónica, escribieron sus padres, Emilio y Chela: “Mónica vivía para los demás, en una permanente actitud de servicio (…) Ese fue su crimen. Por eso las fuerzas armadas se la llevaron detenida a la ESMA para torturarla y vejarla cobardemente y sin duda arrojarla al mar (…) Nosotros, sus padres, al igual que sus hermanos, tíos, primos y amigos, nos sentimos orgullosos de Mónica y queremos inspirarnos en su ejemplo y sus ideales. Su nombre es un símbolo y una esperanza para el pueblo argentino, esclavizado y arruinado durante largos años por las fuerzas armadas. Su recuerdo, que se agranda al pasar del tiempo, nos anima a luchar como ella por los pobres, los perseguidos, los oprimidos, los marginados y todos los detenidos-desaparecidos”. Cabe señalar y reproducir lo que se escribió sobre su tarea en la villa del Bajo Flores, en la Escuelita de Belén, según el libro  “Micrófonos para el pueblo. FM Bajo Flores” en el año 2008. “Los que hoy tienen entre 40 y 45 años guardan la memoria de ‘esos pibes y pibas de la JP’ como uno de los recuerdos más añorados de su infancia. Comprometidos pero alegres, trabajadores pero divertidos, tiernos y guerreros, exigentes consigo mismos y comprensivos con los demás. Ellos dejaron regados de mística los rincones del Bajo Flores. Ahí donde haya una fiesta, una lucha por la reivindicación de nuestros derechos, una obra en construcción, un grupo de jóvenes que quiere cambiar la realidad del barrio, una ayuda sincera, un apretón de manos, un abrazo y tantas otras cosas que hacen especial la vida de nuestras calles y pasillos, ahí mismo ellos están y estarán presentes. Fueron parte de los años de más brillo, antes que vinieran los tiempos oscuros. No existe cura, vecino o compañero que pueda recordarlos con más de tres frases. Su recuerdo produce silencios y lágrimas. Casi todos ellos se encuentran desaparecidos. Se los extraña porque se los necesita. Se los necesita porque eran los mejores”.