militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MOCOROA, Néstor Hugo

“El Gordo Andrés” era militante de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Sus amigos del secundario dicen que era el típico gordo, personaje central de la división, buen compañero, centro de discusiones y de jodas permanentes. Abanderado del colegio industrial de San Isidro. Allí aprendió sobre electricidad y conexiones, lo que le permitió luego en julio de 1970 y a través de un operativo guerrillero, que Radio Rivadavia se convirtiera por unos instantes, en “Radio Evita” y comenzara a pasar una proclama que quedó trunca por el nerviosismo y la inexperiencia de los compañeros. En la Facultad de Agronomía sus primeros pasos políticos los da en el Movimiento de Unidad Estudiantil, opositor al humanismo reaccionario y oligárquico de aquel entonces. Ahí comienza a pensar en el “Che”, en la revolución.... Pero cuando en la Navidad del ’68 ofrece su techo para dar refugio a dos combatientes de Taco Ralo perseguidos por la dictadura de Onganía, estos, entre mate y mate, bizcochito y bizcochito, analizan con Néstor la realidad política y social, el rol del peronismo, el accionar de las masas y la conducción del “Viejo” como cariñosamente se lo nombraba a Perón. Los que lo rodean, sus amigos, sus compañeros de facultad que lo ven aprobar con “distinguido” sus exámenes, ni imaginan siquiera que está naciendo un combatiente. Suma su esfuerzo para crear una organización armada revolucionaria que sea de la clase obrera peronista, sin burócratas ni traidores, como bien se decía en esa época: “Dándole armas a nuestra bronca, organización a nuestro coraje, estrategia a nuestra confianza”. Se anota en varios operativos, siempre al volante del algún coche preparado en el que hay que rajar luego del golpe sorpresa. “¡No te hagás el tuerca, gordo fanfa...! más de una vez le dicen sus compañeros cuando gracias a la pericia demostrada zafan de alguna pinza o ponen buena distancia entre ellos y sus perseguidores. Néstor Mocoroa, “el Gordo Andrés” muere a manos de la policía provincial, en una fallida expropiación de coches de un garage de Haedo, provincia de Buenos Aires, el 21 de octubre de 1971. Con él cae su compañero Miguel Bianchini.