militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MONTOYA, Walmir Oscar.

“Puño”. “Puñalito”. “Petiso”. Nacido en 1952. Fue piloto civil porque su pasión era volar. Vivió su infancia en Cañadón Seco, Santa Cruz, debido al trabajo de su padre (inmigrante español venido a Argentina), que laboraba en un campamento de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF); y saxofonista también, el hombre formó parte de la banda musical de la empresa estatal. Walmir, también en su adolescencia con otros pibes, formó parte del grupo musical “Nosud” -apócope de “Nosotros y Ustedes”- donde tocaba la batería (Los genes llaman). En ese campamento minero había barrios separados para ingenieros, para técnicos y para obreros. Y una docente jubilada y dirigente gremial del lugar llamada Mónica Galván recuerda que “Walmir cuestionaba que existieran esas divisiones por un profundo sentido de igualitaria justicia”. Después de cumplir con el servicio militar obligatorio en Colonia Sarmiento (una especie de Siberia argentina), intensificó su compromiso en Juventud Peronista y luego en Montoneros. Desde esa identidad, combatió las injusticias patronales en las minas de Río Turbio pero perseguido debió tomar otros rumbos para no perder la vida. Estudiante universitario fue secuestrado-desaparecido en La Plata, el 1º de marzo de 1977 con 25 años de edad. El joven había sido inhumado como N.N. en el cementerio de Berazategui el 27 de diciembre de 1977; ese mismo día, la dictadura inventó un enfrentamiento en donde decían que murió (su cuerpopresentaba al menos 16 orificios de bala), al resistirse, en la calle 4 entre 30 y Carlos Pellegrini, precisamente de Berazategui. Pasados tantos años los genes volvieron a llamar e hicieron historia. Walmir Oscar Montoya en La Plata –se supo ahora- formó pareja con una compañera de militancia: Laura Estela Carlotto (ver su registro). A ésta joven secuestrada con un embarazo de dos meses y medio, sus captores y verdugos, la hicieron parir a término, le robaron la criatura y la asesinaron; de “puros occidentales y cristianos que eran nomás…”. Ese hijo robado, apareció el 5 de agosto de 2014, cuando decidió hacerse los estudios de ADN a partir de dudas que tenía sobre su identidad. Hasta ese momento se llamaba Ignacio Hurban, tiene 36 años y es músico de profesión. Ahora será Ignacio Guido Montoya Carlotto, ya que también se supo, su padre era Walmir Oscar Montoya.  Los indicios que la Justicia profundizará para ver si se está en lo cierto, es que Ignacio Guido fue entregado a sus padres adoptivos por intermedio de un empresario y estanciero fallecido hace poco, Carlos “Pancho” Aguilar, que fue presidente de la Sociedad Rural de Olavarría e integrante del partido político PRO de Mauricio Macri y que además, durante la última dictadura tenía acceso directo a la cúpula militar genocida entronizada en la provincia de Buenos Aires. Resta decir que actualmente en Cañadón Seco, donde se cruzan las avenidas Bizcacheras y Nuestros Mártires se exhibe una gigantografía con las caras añiñadas de Montoya, Segundo Reinaldo Oscar “Tatú” Rampoldi (ver su registro) y Eduardo José Clivio, jóvenes militante del lugar; los dos primeros asesinados, el último muerto en el exilio colombiano en 2003, víctima de una cruel enfermedad. Los tres fueron designados vecinos ilustres del lugar y sus rostros se iluminan cada una de todas las noches, por un reflector que arroja un haz de luz permanente. Asimísmo siempre en Cañadón Seco, una sala de música, la mejor de la región, lleva el nombre de “Oscar Puño Montoya”.