militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MORELLO, Ricardo Miguel Ángel.

Tantos nombres para que todos lo conocieran como “Lucho”. Nació el 13 de agosto de 1943 en el barrio porteño de Almagro. Dos años después su familia se mudó al barrio de Saavedra, en donde “Lucho” hizo la escuela primaria. Hasta tercer año del secundario concurrió al “Otto Krause” y luego al “Ingeniero Huergo”, recibiéndose de Técnico Químico. Exento de cumplir con el servicio militar obligatorio por sufrir asma, ingresó a la Facultad de Ingeniería de la UBA para estudiar Ingeniería Físico Química. Provenía de grupos catequistas cristianos enrolados en la Teología de la Liberación. Militante y referente de Juventud Peronista (JP) y Montoneros en la Columna Sur, con un paso previo por las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). También dirigente del Partido Peronista Auténtico (PPA) en la zona de Quilmes en la provincia de Buenos Aires. Cuenta su compañera Lilia Mannuwal (“Lucía”) en el libro “Pájaros sin luz” que “los dos habíamos decidido hacernos matar para no correr el riesgo de que cayeran otros compañeros. Eso de poder quedar como un traidor o hacer caer a otros compañeros lo teníamos muy metido en la cabeza, que no íbamos a hacer vivir a nadie lo que nos pudiera tocar vivir a nosotros. Por eso andábamos cada uno con su pastilla de cianuro, asumidos totalmente que había que morir antes que caer en manos del enemigo, no por alguna valentía en especial, sino para no arrastrar a nadie, y para que se quedaran con las ganas”. El 17 de marzo de 1977 por la mañana, Lucho iba caminando por la calle Pasco de la localidad de Temperley y de pronto lo encerraron varios coches, en tanto sus ocupantes armados le gritaron el “alto”; lejos de acatarlo, él empezó a correr y un par de tipos lo agarraron pero logró zafarse y seguir corriendo en tanto gritaba con todas su fuerzas “¡Vivan los Montoneros, carajo!”. Fue entonces cuando le dispararon y cayó para siempre, en la esquina de Pasco y Asunción. Quizás tuvo tiempo inclusive para tomarse la pastilla. En 1991, un 7 de diciembre se realizó un responso en su memoria en la capilla del cementerio de Ezpeleta. La Comisión de Homenaje instituida en su memoria recordó allí, que: “Después de casi 15 años lo hemos recuperado gracias a la labor que viene desarrollando el Equipo Argentino de Antropología Forense. Más allá de identificaciones ideológicas o partidarias, nos encontramos para testimoniar con nuestra presencia, que recuperar a nuestros muertos, es una de las formas con que cuenta el pueblo para preservar la memoria colectiva y para orientar la construcción del futuro. Porque pensamos que son dignos de homenaje todos aquellos que se entregaron sin egoísmos a los ideales de una sociedad más sana y más justa. Porque rechazamos el Indulto para los responsables del Terrorismo de Estado. Porque sostenemos que sólo la verdad es liberadora y sólo en la justicia se asienta la verdadera paz”.