militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MOURO, Alejandro.

“Tata”. Su sorpresivo fallecimiento fue en la madrugada del 31 de diciembre de 2009. Eduardo Gurucharri su compañero de militancia lo recuerda así: “La trayectoria del ‘Tata’ fue la de un precursor. Tras el golpe contrarrevolucionario de 1955 que derrocó al gobierno de Perón, se convirtió en un activo militante de la Resistencia Peronista. Perseguido por la represión bajo la vigencia del Plan Conintes, a comienzos de los ’60 escapó al Uruguay, donde habito unos años. Al regresar adhirió a la corriente del peronismo revolucionario fundada por su contemporáneo Gustavo Rearte y pasó a integrar ‘la guardia vieja’ de veteranos de la resistencia que militaban en el Movimiento Revolucionario 17 de octubre (MR-17), encabezando a la organización en el partido bonaerense de San Martín. Estuvo detenido por última vez en 1979, ilegalmente, en la Superintendencia de Seguridad Federal. Interrogado a cara descubierta por el famoso represor Aníbal Gordon, a quien Mouro reconocería años después por fotografías de los  diarios, logró zafar; en parte gracias a su serenidad y experiencia, en parte porque no existía una prueba concreta contra él y en parte… de casualidad o milagro. Paradojas del destino, al ‘Tata’, el año 2009 le había sido muy propicio: la pensión vitalicia concedida por ley de la provincia de Buenos Aires a los veteranos de la Resistencia Peronista, fue un bálsamo para su espíritu y dejó atrás la estrechez de su jubilación de albañil. Planeaba capacitar a jóvenes con problemas y fomentar la deteriorada hermandad rioplatense. El domingo 6 de diciembre pasado, en vísperas de cumplir 79 años, Mouro convocó a un puñado de íntimos: el encuentro comenzó distendido, con el anfitrión contagiando su alegría por la victoria electoral del ‘Pepe’ Mujica y relatando su último viaje  a Montevideo (era muy amigo del “Ñato” Eleuterio Fernández Huidobro). Hecho esto, el ‘Tata’, soltó un relato que los presentes nunca le habíamos escuchado. Dueño de una impronta discursiva rica en sobreentendidos, dejó de lado esa característica, alimentada por los años de clandestinidad y contó detalladamente un secreto bien guardado: su participación en la fundación  del MLN-Tupamaros”.