militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MOZÉ, Miguel Ángel.

Oriundo de Cruz del Eje, Córdoba, donde nació un 14 de octubre de 1948. El “Chicato” hizo sus estudios en los seminarios, Menor de Jesús María y Mayor de Córdoba. En 1968 con otros cuatro seminaristas se integra a la Agrupación de Estudios Sociales (AES) de claro sesgo popular y tercermundista. En las vacaciones de invierno de ese mismo año viaja a Tucumán con sus compañeros de la AES y conoce cara a cara la miseria, la represión y la violencia que sobre los trabajadores descarga el sistema; ésta realidad lo ayuda a reafirmar su acción a favor de los pobres. En enero y febrero de 1969 viaja a un campamento universitario de trabajo (CUT) que se lleva a cabo en Quitilipe, Chaco, en ayuda de los hacheros que sufren condiciones de vida infrahumanas. También pasa por el Paraguay. A comienzo de los ’70, Miguel Ángel continuó su compromiso cristiano en la comunidad parroquial del barrio “Los Plátanos”, donde ejercía su sacerdocio el cura tercermundista Erio Vaudagna. Desde esa vocación de servicio se unió aún más estrechamente a las necesidades de los más necesitados, de los más humildes, como dije antes. Y desde allí comenzó a transitar por el peronismo revolucionario (primero en el Peronismo de Base cordobés, luego fundando Montoneros en dicha provincia), cuyas banderas mantuvo en alto hasta su muerte. Se incorporó activamente a la Juventud Peronista (JP) teniendo un rol destacado como dirigente en la campaña “Luche y Vuelve” de 1972 y que culminó con el triunfo popular del 11 de marzo de 1973. Fue elegido Delegado de la Regional III de Juventud Peronista. Sus ansias de justicia no lo abandonaron nunca. Amenazado primero por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y perseguido por la intervención fascista del brigadier Lacabanne, durante el gobierno entreguista de Isabel Martínez, pasó a la clandestinidad, hasta que fue secuestrado en plena vía pública, el 22 de julio de 1975. Debido a la prontitud con que se movieron sus abogados, los “horribles pigmeos mentales” debieron legalizar su detención. Pero ya en la impunidad de la dictadura militar, el 17 de mayo de 1976, fue retirado de la Unidad Penitenciaria 1 (UP-1) cordobesa, y fusilado junto a otros presos políticos, por peronista y montonero. Según se dice (“Página 12” del 6-8-2010), cuando uno de los asesinos, lo bajó de un móvil y le ordenó correr para fusilarlo por la espalda, Miguel Ángel Mozé se dió vuelta y enfrentó al verdugo: “Disparame en la cara, cagón”. Así fue. Un amigo y compañero de militancia, Boxi, lo recuerda con estas palabras: “De él aprendí lo que era eso de la alegría cristiana y por eso sabían cuando lo eligieron para fusilarlo que estaban queriendo matar a esa parte de la iglesia que no pacta con los poderosos, que está junto a los que sufren y que a pesar de todo aún no se entrega”. Año 1979: la mamá del “Chicato” recibe un sobre. Dentro del mismo hay una medalla de oro y un acta de condecoración póstuma para su hijo: “Considerando que el compañero Miguel Ángel Mozé ha dejado la vida en defensa de los intereses de nuestra Patria y de nuestro Pueblo, siendo un ejemplo de la heroica resistencia popular, la Conducción Nacional del Partido Montonero y Comandancia del Ejército Montonero resuelve otorgar a este compañero la condecoración ‘Al Mártir de la Resistencia Popular’ en su máximo grado, el de ‘Compañera Eva Perón`”. La película  “Bajo otro sol” (1986) del director cordobés Francisco D’Intino, formó parte del despertar del cine argentino pos dictadura y está dedicada a Miguel Ángel Mozé: “Se la dediqué al ‘Chicato’, porque era mi compañero y amigo” dijo simplemente D’Intino. El hijo del “Chicato”, en 2006 a través de un fallo de la Cámara de la Familia, tuvo el derecho a usar el apellido de su padre y usar su identidad completa: Martín Ernesto Mozé Acosta, al cual no había podido acceder desde su infancia, por medidas de seguridad durante el desarrollo de la dictadura militar. Y refiriéndose a su padre dijo: “Papá murió por ser cristiano, peronista y montonero” mostró la nota que “El Chicato” (como él) escondió en el pañal cagado que los militares prefirieron no revisar. La dedicatoria es “para mi querido hijo Martín”. El mensaje: “Luchamos por un país mejor, por justicia. Feliz Navidad, te quiero mucho”.