militantes del peronismo revolucionario uno por uno

MUJICA, María Josefina.

“Candela”. “Lina”. De chiquita se fue a vivir a Mar del Plata. Hermana de Laura Cristina. También se proletarizó. Trabajó en una empresa de pescados, en el puerto marplatense. Se levantaba a la madrugada y volvía muerta de cansancio con sus manos congeladas. Supo así, en carne propia lo que era estar al lado de la clase obrera, pudiendo mostrar como las demás mujeres trabajadoras, sus manos estropeadas por las bajas temperaturas de las cámaras conservadoras de frío. Su compañera de militancia, Mirta Clara, recuerda como Marcelo Kurlat, “El Monra” la cargaba a María Josefina, y le decía que tomaba con sus manos las armas como si fueran flores, con una dulzura impactante, en fin, ese fue un rasgo que siempre la caracterizaba.  Tenía 27 años cuando la mataron. A las 10.30 hs. de la mañana del 4 de enero de 1977 fuerzas conjuntas del Ejército Argentino y la policía provincial, rodearon la casa ubicada en San Martín y Boneo de la ciudad de Santa Fe. Allí habitaban tres peronistas montoneros y uno futuro: María Josefina Mujica, Adriana Bianchi, José Pablo Ventura y Guido Roberto Frigerio este último de 6 meses de edad, hijo de María Josefina y de Carlos Mario Frigerio, ausente en ese momento. Del operativo participaron un gran número de militares de la Jefatura del Area 212, dependiente del II° Cuerpo de Ejército con asiento en la ciudad de Rosario a cargo del General Leopoldo Fortunato Galtieri. Se emplazaron armas pesadas mientras helicópteros artillados ametrallaban y bombardeaban la vivienda. Según testigos, en un momento se pidió un “alto el fuego” desde la vivienda y María Josefina salió con su bebé, Guido, llevándolo hasta el zaguán de la casa vecina para ponerlo a salvo del terrible tiroteo. Cuando intentó volver a la casa fue acribillada por los milicos. La vecina logró resguardar al bebé en su casa, pero concluido el operativo con la muerte de todos los ocupantes, Guido fue secuestrado por oficiales del Ejército Argentino. Días más tarde sería recuperado por sus abuelos maternos mediante una gestión de Monseñor Zaspe, Obispo de Santa Fe.